Por: Santiago Montenegro

El reguetón: “vade retro”

Una de las características de nuestra época es la creciente igualdad que se ha ido alcanzando en muchos países entre los diferentes géneros: hombres, mujeres y comunidad LGTBI. En particular, las mujeres han recortado las brechas con relación a los hombres en términos de remuneración y trato en las empresas, en los parlamentos, en los partidos políticos y en muchas otras entidades. Es un proceso que, seguramente, no ha ido a la velocidad que debería marchar, pero es indudable cuando lo miramos en una perspectiva de largo plazo.

Fue, quizá, solo después de la Segunda Guerra Mundial cuando la discriminación contra las mujeres comenzó a revertirse. A partir de entonces, las mujeres empezaron a completar el bachillerato, asistir a la universidad y vincularse al mercado laboral. Además, la creciente urbanización y la píldora anticonceptiva fueron también factores que ayudaron a la emancipación de las mujeres con respecto a su histórica sujeción a los hombres. Hasta entonces, era impensable que las mujeres pudiesen votar y menos ser candidatas en las elecciones o dirigir empresas, pues su lugar estaba fundamentalmente en la casa y, entre otros factores, eso se reflejaba en altísimas tasas de natalidad. Hacia mediados del siglo XX, por ejemplo, las mujeres tenían en Colombia más de siete hijos en promedio, mientras que hoy en día esa cifra ha caído a menos de dos.

Lo que fue un proceso lento y propiciado en gran medida por cambios estructurales de la sociedad, crecientemente adquirió características proactivas, jalonado por organizaciones de mujeres que comenzaron a exigir cambios en las constituciones, leyes, regulaciones y normas de países, empresas y entidades en prácticamente todos los países del mundo.

Más recientemente, el movimiento #MeToo ha unido a centenares de miles de mujeres en todo el mundo para denunciar las agresiones y los acosos sexuales y, en general, el comportamiento misógino.

Pero, mientras esta es una tendencia que se ha convertido en un signo de los tiempos, en otros aspectos una parte de la cultura que se esparce en nuestros países pareciera caminar en sentido contrario. Este es el caso del reguetón, un género musical, que está muy de moda entre los jóvenes, en el que los cantantes están más acostumbrados a recitar las letras de las canciones que a cantarlas, letras que se caracterizan por apoyarse en la rima, para que sean más pegadizas y de fácil identificación para el público. Según algunos, el reguetón ha servido como lucha contra el consumismo, la escasez económica, la discriminación racial y la violencia política, pero, a juzgar por algunas de sus canciones, pareciera que la mujer no es parte de esa lucha y, por el contrario, se la sigue tratando como un objeto o como poco más que un animal, según indica este verso de “La groupie”: “Ella quiere sexo, yo bellaquera, darte como una perra, como una cualquiera. Jalarte por el pelo, agarrarte por el suelo. Usarte como escoba, aúlla como loba.”

¿Será que el problema es mío, que estoy ya muy viejo y que no entiendo los tiempos y la cultura que vivimos? Francamente, no lo creo. Esta letra me parece realmente indignante y me alarma que nuestros jóvenes escuchen y reciten estas desvergüenzas. También me alarma y sorprende que la lucha de las organizaciones de mujeres y también de hombres no hayan cuestionado aún este género musical.

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2019-06-03T00:00:42-05:00

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