Por: Juan David Correa Ulloa

El reino

Sentí algo parecido al asombro genuino al comenzar a leer Trabajos del reino, primera novela del escritor Yuri Herrera (Actopan, México, 1970).

Digo asombro, y digo genuino, porque las dos palabras parecen haber perdido la contundencia de su significado. La lectura, en todo caso, es eso: un asombro por la manera en que un hombre o mujer es capaz de encadenar una serie de palabras para convertirlas en una dimensión posible. Trabajos del reino es una novela asombrosa, entonces. Y luminosa por la manera en que hace ya diez años, cuando fue publicada por primera vez (fue reeditada en 2010 por Periférica, la editorial en la que publica Herrera ahora), se adelantaba al brutal momento que vive México hoy.

Esta es la historia de Lobo, un cantautor que divaga de cantina en cantina vendiendo su rasgueo, y su voz cascada, al mejor postor. Un buen día, Lobo es reclutado por el Rey, un mafioso que lo lleva a su corte, en donde descubre, como si fuera un vulgar cortesano, cuáles son los trabajos de la realeza del crimen. Narrada como un sueño —o una pesadilla—, la prosa de Herrera es tan castiza, tan limpia, tan enrevesada, tan directa, que uno a veces se siente leyendo a un poeta, y otras, a un compositor de corridos. El relato oscila entre las visiones del hombre, y el destino trágico de un puñado de personajes insólitos: desde el Periodista, encargado de ser el investigador del enemigo, hasta el Médico, que se encarga de sacar las vísceras de los soldados abatidos en el combate entre carteles.

Trabajos del reino es un relato sobre México hoy escrito hace diez años, es un retrato brutal sobre el narco, la violencia, la impotencia y el dolor. Pero no de una manera sociológica, por supuesto, sino desde la literatura: desde un personaje que es testigo de la descomposición de un reino, que se enamora de una prostituta menor de edad, que idea canciones tristes que son odas a la brutalidad del Rey —que jamás pasarán en la radio. Su lenguaje es tan auténtico, una mezcla entre lo rural y lo urbano, entre lo castizo y el anglicismo, que al terminar la novela uno sólo quisiera seguir leyendo algo así, tan incorpóreo, tan hondo, tan en los bordes de la realidad, y por lo mismo, tan metafóricamente poderoso para contar y adelantarse al sangriento presente de un país que comienza a ser gobernado por el zumbido de las balas, el descuartizamiento de los cuerpos, el olor de la acetona, el dinero y la política de siempre.


Juan David Correa*

 

Trabajos del reino,
Yuri Herrera, Periférica.
[email protected]

470553

2014-01-23T21:05:10-05:00

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2014-01-23T21:33:25-05:00

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El reino

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