El reino de la vida (música para el bioceno)

Noticias destacadas de Opinión

La especie humana, del reino animal como se nota con incómoda frecuencia, ha sido la verdadera pandemia del planeta. Si los intelectuales califican esta era como el antropoceno, los artistas desde la claustrofóbica lucidez de sus encierros comienzan a vislumbrar una edad nueva: el reino de la vida, el bioceno. El adelantado se llama Eugenio Ampudia, un artista español nacido en Valladolid, quien para la reapertura del Gran Teatre del Liceu en Barcelona concibió un concierto para plantas, 2.292, cada una acomodada en su butaca del gran teatro disfrutando el vibrante concierto para cuerdas de Puccini, “Crisantemos”.

El impacto del streaming y el video, que aquí va, es tremendo. Como todo buen arte, sus significados son polivalentes, sus declaraciones atraviesan los filtros personales, estimulan el alma y las neuronas y transforman nuestra visión del universo. El Concierto del Bioceno no se queda corto en metáforas filosóficas, políticas y estéticas. Al ver estos ficus, palmas, lavandas, lenguas de suegra y flecheras ocupando con serena dignidad el lugar destinado a su enteca majestad, “el rey de la creación”, ¡cambio mi reino!

Desde luego el artista aprovecha el tiempo de su experiencia de noventa dias de reflexiones forzadas, observa que “la naturaleza le recuperó terreno al humano” y se plantea a nombre del necio homo sapiens las relaciones que tenemos con la naturaleza. El resultado es todo un hito, bello, poético y poderoso. No le falta razón a Enrique Ampudia cuando en algunas entrevistas afirmaba: “Soy partidario de que seamos los artistas, y la cultura, los que lideremos, si nos dejan, el proceso de cambio”. Y se ve que en algunas naciones sí los dejan, los estimulan, los escuchan como a verdaderos precursores de una transformación imprescindible en nuestra manera de aproximarnos a la naturaleza y a los otros.

La producción detrás de este evento es también un trabajo admirable. La dirección artística del teatro se le mide al proyecto del artista y lo acompaña con recursos privados y públicos, con ideas, facilitando la expresión de una voz que plantea un concepto importante, un clamor, una propuesta desde lo más humano de la estética. De los viveros catalanes de la zona llevaron en sus lindas macetas de barro, con cuidado y cariño, a esta audiencia novedosa del Liceu. La entrada de las plantas a sus sillas se realizó en un silencio respetuoso y programado, pues el roce de las hojas entre ellas fue grabado para convertirlo luego en el conmovedor aplauso final de las plantas a los músicos del cuarteto musical UceLi. Las venias de los músicos jóvenes al reino vegetal, al comienzo y al final de los siete minutos del concierto, vale más que un discurso, pues el gesto está preñado del espíritu del bioceno que quisiéramos. Las plantas, junto con las boletas de taquilla de cada una, estarían destinadas a los trabajadores de la salud que trabajaron, y trabajan, en la emergencia sanitaria extrema.

Nota. Aquí, entre tanto, abandonamos a los artistas, maltratamos a los miembros del personal sanitario, mujeres en su mayoría, los estigmatizamos, les exigimos que sean héroes en una guerra que la corrupción, la perversidad y los intereses económicos tienen bien calculada como ganada de antemano —para ellos— y ahí vamos.

Comparte en redes: