El renacer de Monica Lewinsky

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Cómo agradece uno cuando un titular lo hace reír. Me pasó mientras leía sobre el juicio de destitución a Donald Trump y apareció en la pantalla de mi computador la noticia de un trino de la exbecaria de la Casa Blanca Monica Lewinsky. Decía: “¿Are you fucking kidding me?”, lo cual traduce: “¿Me estás jodiendo?”. Fue su reacción al nombramiento de Kenneth Starr como parte del equipo legal que defenderá a Donald Trump en el Senado.

Solté una carcajada liberadora y sentí como decimos en Colombia un “fresquito” en el alma. Lewinsky no ofreció mayores explicaciones por el trino y tampoco hacían falta. Kenneth Starr fue el fiscal encargado de investigar la conducta sexual entre el entonces mandatario y la becaria en 1998, y hoy es parte del staff de abogados que deben defender a Trump. Como fiscal se obsesionó más allá de su fuero judicial con los pormenores de los actos sexuales entre la joven de 22 años y su jefe de 49. Y justo cuando ella pensó que el pasado, pasado estaba, reapareció Starr como protagonista, por segunda vez, en un juicio de destitución.

A mí lo que me hizo reír fue el madrazo de Monica. No necesité oírla ni verla para entender que la palabrota que usó la tenía reprimida y que aprovechó la coyuntura para liberarla.

Reapareció Lewinsky para los que le tenían perdida la pista. Igual, su nombre siempre genera morbo y curiosidad. A ella en el imaginario colectivo le va muy mal. Yo, por el contrario, soy su admiradora desde hace mucho. Conozco su proceso y por eso me emocionó su madrazo, porque es consecuente con su decisión de retomar la narrativa de su vida y darle a su historia un final digno.

“Debo ser la única mujer mayor de 40 años que no quiere volver a sentirse de 22”, eso dijo Lewinsky, hoy de 46 años, durante una charla en el portal TED Talks que cambió la manera como muchos la veían. “A esa edad me enamoré de mi jefe y dos años más tarde sufrí las consecuencias. Desde entonces no pasa un día sin que me arrepienta”, dijo. Claro que fue un error, pero en su caso, su romance indebido la convirtió ademas en la primera víctima de matoneo en internet. Y al dolor de un corazón partido se sumó la humillación pública. El mundo estrenaba tecnología y en menos de lo que duraba un clic pasó de ser anónima a convertirse en la amante más famosa del planeta. Durante su presentación en TED se le quiebra la voz al recordar esos días en los que su madre no la dejaba sola ni para ir al baño por temor a que se suicidara, agobiada por la vergüenza de ser el chiste de moda.

El Senado absolvió a Bill Clinton, acusado de mentir sobre su relación, y ella pasó de la degradación al activismo. Se graduó de psicología del London School of Economics y escribió su tesis sobre los efectos de la publicidad previa a un juicio. Hoy ofrece charlas alrededor del mundo en contra del acoso en la red y a favor de la compasión en la era digital. Entre sus muchos proyectos está la cuenta de Twitter @goodnessbot, que convierte trinos agresivos en compasivos, y hace parte de campañas como “La epidemia”, que busca reducir los suicidios relacionados con la exposición de la vida privada en internet. Entre sus argumentos está que la humillación es un negocio que logra “clics” en línea, lo que traduce en más publicidad y dinero para los mercaderes del dolor ajeno.

Jared Kushner, el yerno del presidente Donald Trump y uno de sus asesores más cercanos, se divierte ofreciendo tures por la Casa Blanca a los periodistas. Entre sus lugares favoritos está la entrada privada que usaba Lewinsky para acceder a la oficina Oval donde la esperaba Clinton. Con el juicio de destitución de su suegro en marcha, falta ver si, una vez expuestos sus trapos sucios al sol, seguirá Kushner alimentando el chiste de Monica Lewinsky o si será ella la que da la última carcajada y la que ría mejor.

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