Por: Miguel Gómez Martínez

El rencoroso

LA NOTICIA DE LA ORDEN DE CAPtura proferida por un juez ecuatoriano contra el ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos no es sino un incidente más en la ambivalente relación bilateral entre los dos países.

Es cierto que desde el ataque que permitió la eliminación de Raúl Reyes la tensión ha sido permanente. Pero pocos colombianos saben que hace muchos años la relación con nuestro vecino ha sido tortuosa. Ecuador siempre tiene reclamos contra Colombia que han sido manejados con paciencia y habilidad por nuestra Cancillería. Hace algunos años las quejas eran esencialmente de carácter económico y comercial. El vecino del sur alegaba que Colombia le vendía demasiados bienes y que la balanza comercial estaba desequilibrada. A ello se sumaba la fuerte inversión colombiana en muchos sectores de la economía ecuatoriana. Basta con visitar un centro comercial en ese país para observar la presencia significativa de las marcas colombianas.

Después vinieron las quejas por la migración colombiana, en la que Ecuador tiene mucha razón. El fenómeno migratorio colombiano es preocupante y genera desequilibrios no sólo en nuestros vecinos. Pero nada justifica la creciente estigmatización del colombiano y la hostilidad contra nuestros compatriotas. Tampoco descarga la responsabilidad de Ecuador en el control de sus fronteras. Este se ha convertido en el nuevo caballo de batalla del gobierno ecuatoriano contra Colombia. En el fondo es un argumento muy débil pues Ecuador no tiene los problemas de seguridad que afectan a Colombia y por lo tanto podía dedicar más recursos humanos y técnicos a vigilar su corta frontera con nuestro país. Colombia, en cambio, tiene exigencias de seguridad muy superiores y requiere concentrar sus tropas en diferentes frentes asegurando su movilidad.

Esta difícil e inestable relación podía tener mecanismos de cooperación bilateral. Ello fue posible hasta el incidente de Reyes. El presidente Correa descubrió, como ya lo había hecho Chávez antes, que Colombia es un buen blanco para aglutinar sus instintos nacionalistas contra el enemigo externo. ¿Se olvida Correa que su país tiene gravísimos problemas internos que poco o nada tienen que ver con Colombia? La crisis institucional, la división entre la sierra y la costa, las minorías indígenas, la moratoria de la deuda son algunos de los más significativos y en ellos Colombia no tiene ninguna responsabilidad.

Correa, con un inocultable rencor, ha decidido descargar su demagogia en Colombia. Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos y los militares que participaron en la acción contra Raúl Reyes hicieron lo correcto. Más bien son Correa y Larrea los que deben responder judicialmente por haber otorgado refugio a un terrorista internacional que cometió miles de delitos en Colombia.

Colombia ya se excusó públicamente por la violación de la soberanía de Ecuador. ¿Qué más quiere Correa? ¿Que nos arrodillemos por haber liquidado a un terrorista que dormía plácidamente en su territorio? Se va a quedar esperando. Los colombianos no olvidaremos la falta de solidaridad del rencoroso presidente de Ecuador.

 

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