Por: Oscar Guardiola-Rivera

El reto

La filosofía es su lugar comprendido en pensamientos. A esta “nueva” orientación debida al pensador alemán Peter Sloterdijk debería añadirse: en pensamientos e imágenes.

 Desde que comenzaron los desencuentros a escala mundial en los siglos XV y XVI, y hasta nuestros días, la guerra resultante lo ha sido de imágenes en contra del dominio aparentemente universal de conceptos occidentales asociados a una visión particular del progreso, la historia y la economía.
El propio Sloterdijk concede que el tema no es nuevo. Emanuel Kant había afirmado ya que la razón moderna sigue un modelo espacial. Pero debemos a los pensadores y escritores de las Américas el haber considerado y criticado la razón en los términos de una imagen reducida del mundo antes y con mayor ahínco que los críticos europeos.

Ello no debería sorprender. A fin de cuentas los efectos devastadores de la dominación europea se sintieron primero en las Américas: el holocausto indígena, la esclavitud y el genocidio, ese “lado oscuro” jamás reconocido del todo de nuestras democracias republicanas.
No se trata de cuestiones enterradas en el lejano pasado. Están vivas en el actual presente y limitan nuestra capacidad para crear visiones más inspiradoras de éste y del futuro.

Por ello, al menos dos generaciones actuales de brasileños ejemplares se están preguntando si su democracia lo es realmente. Su protesta, que continúa y que de seguro le dará un tinte singular a la Copa Mundial del año entrante, no lo es de consumidores insatisfechos.

Se trata de un reconocimiento colectivo de los aspectos provinciales de una historia asumida hasta ahora como universal e incluyente.
Apuntan al eurocentrismo y los colonialismos internos y externos, a narrativas salvíficas de la historia, que al tiempo contribuyeron a justificar catástrofes profanas el siglo pasado, y acusan un liberalismo progresista para el cual los perdedores están condenados a caer por la borda de la historia.

Tal reconocimiento es correcto, mas no la conclusión que obtenemos de manera usual: deberíamos resignarnos a nuestro destino de condenados de la tierra.
Para escapar a ese destino necesitamos crear nuevas imágenes del mundo, su historia, política y economía. Comenzando por nuestros lugares: Brasil, Chile o la Colombia del histórico proceso de paz.

Es un reto inmenso este de pensar constructivamente la paz y crear democracia e igualdad reales. Algunos dirán que es excesivo. Pero dicho exceso nos reta a pensar y actuar de una manera incompatible con la quietud y el conformismo mediocre.

El problema de las llamadas grandes narrativas del pasado no fue su tamaño excesivo, sino su pequeñez. Hay que responder a quienes carecen de visión como dice Sloterdijk: el reto siempre ha sido dejar que lo excesivo aparezca aquí y ahora.

 

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