Por: Jaime Arocha

El reto de Compostela III*

Lo de inmarcesible es cursi. Sin embargo, el himno nacional conmueve. Hoy me pregunto si a Wisman Peña se le habrá erizado la piel cantando “oh, júbilo inmortal”. Es muy distinta la narración que aglutina a quienes como él son pobladores negros de la parte alta del barrio Compostela III en Usme. Consiste en cómo defenderse del racismo que los afecta día a día. Ojalá ese relato le llame la atención a Claudia López, a quien por fortuna tendremos como nueva alcaldesa de Bogotá. Para quien ha moldeado su carrera política a partir del respeto por la diversidad, tendrá que ser prioritario contribuir a corregir la conducta de policías que de continuo intimidan a la gente negra por su color de piel.

La cotidianidad de los afrocompostelanos incluye insultos como los de “negros hijueputas”, “forasteros” e “invasores”. No es raro que los profieran sayayines que llegan descargando sus ametralladoras al aire, procedentes de la parte de abajo, mestiza y blanca. Se dice que son poderosos microtraficantes loteadores. A la familia embera desplazada desde el Chocó, como a otras de la comunidad de Wisman, el lote sobre el cual levantó su vivienda le costó $2 millones, pagaderos en cuotas de $20.000, siempre y cuando apoyara la distribución y consumo de bazuco. Sin embargo, el embera se reveló, como lo han hecho los otros 50 jefes de hogar del barrio, desplazados de la misma región o del Pacífico sur.

Semejante disidencia deriva en amenazas diarias, por lo cual cada núcleo familiar está siempre alerta por medio de turnos de vigilancia. Emulan la resistencia palenquera y colonial, y hoy añoran ser reconocidos como guardia cimarrona y sujetos de protección colectiva.

Si patean la puerta de su casa, Pipe, compañero de Wisman, podría “correr, pero me acusarían de huir o defenderme, ahí sí les daría la excusa a los policías para que me reventaran a golpes. Entonces yo quiero saber cuáles son mis derechos…”. Otro compañero hizo de tripas corazón, mientras los invasores revolvían enseres en busca de armas, dinero y celulares, espetándole los peores agravios. Se afanó por el trauma causado a su hijita y pidió ayuda en un hospital que lo rechazó, ¿por negro? ¿Por desplazado?

También han apelado a los medios para contrarrestar noticias como las tendenciosas que difunden los periódicos Alerta y Extra. Aseguran que los de la parte alta formaron la banda de los Niches, a la cual le atribuyen los asesinatos de John y Juan Carlos, a quienes no presentaron como promotores de ollas de microtráfico. Radio Uno de RCN les hace eco a esos dos periódicos, martillando el estereotipo que une la tez morena con la criminalidad.

Los líderes de esta comunidad han hecho públicas las urgencias de que la Alcaldía cumpla los artículos 1° y 33° de la Constitución nacional sobre derechos a la igualdad y contención del racismo. Ante el silencio oficial, y a modo de marcadores territoriales, han llenado las fachadas del barrio con carteles sobre esos y otros derechos humanos y étnicos. Uno desearía que, hacia el futuro, esa utopía urbana consistiera en parte del programa de este nuevo gobierno distrital que hoy nos ilusiona. Se le abriría la ocasión de ofrecerles a niños y niñas aglutinantes sociales alternativos a los que hoy imperan cimentados por terror y discriminación racial.

* Este artículo de opinión se basa en el informe titulado “¿Qué pesadilla estamos viviendo?”. Lo elaboró el Colectivo de Estudios Afro al cual pertenecen estudiantes de las universidades del Rosario y Externado, quienes han visitado el barrio Compostela III, dirigidos por el profesor Andrés Meza y el líder afro Rudecindo Castro. Me valgo de nombres ficticios para salvaguardar a quienes aceptaron ser entrevistados por esos investigadores.

** Profesor de antropología, Universidad Externado de Colombia.

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