Por: Columnista invitado

El reto de las enfermedades crónicas

Una de las grandes causas de la crisis mundial en los sistemas de salud se debe al aumento exponencial en los costos directos e indirectos relacionados con las llamadas enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT).

La incapacidad y muerte prematura, además de los inmensos costos terapéuticos por estas enfermedades, amenazan la estabilidad económica de muchos países. Se trata de una real epidemia como la hipertensión arterial, la enfermedad coronaria, la obesidad, la diabetes y el cáncer.

A diferencia de las infecciosas, las ECNT se inician aun antes de nacer, en el vientre de la madre, y pueden durar muchas décadas ocultas antes de manifestarse clínicamente. Después de esto generan un deterioro progresivo del organismo hasta la muerte o la incapacidad.

Técnicamente no son transmisibles como la malaria o el dengue, pero suelen propagarse en medio de entornos familiares y sociales. Los hábitos que más han contribuido a su diseminación epidémica son el tabaquismo, el alcoholismo y el sedentarismo, así como la dieta rica en calorías y sal, pero baja en vegetales y frutas.

La humanidad ha logrado afrontar previamente grandes desafíos sanitarios, gracias a principios básicos de salud pública como saneamiento ambiental, agua potable, lavado de manos, antibióticos, vacunación, control de vectores y nutrición. Lamentablemente en muchas regiones del mundo y de nuestro país estas medidas siguen siendo insuficientes.

Las ECNT representan un nuevo reto para la humanidad. No disponemos de vacunas ni de medicamentos o intervenciones que hayan demostrado ser suficientemente efectivas. La promoción de la actividad física y la alimentación saludable, así como la erradicación del tabaquismo requieren un compromiso serio de muchos sectores de la sociedad. Aunque el sector salud debe liderar y orientar estrategias que permitan alcanzar estos cambios, es imposible lograrlo sin políticas estatales claras con el apoyo del sector privado, el sector educativo, la planeación urbana, las políticas económicas y comerciales, el cuidado del campo y el medio ambiente, entre otros.

Pero el mayor reto, el desafío real, es para cada ser humano. Debemos tomar decisiones sobre nuestros hábitos y comportamientos en un entorno adverso, que no nos facilita el cambio. Es posible que por principios evolutivos como la “selección natural” sólo sobrevivan en las próximas generaciones aquellos perfiles biológicos que logren mantener hábitos y estilos de vida saludables.

 

*John Duperly

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado

Libertad de culto

Cómo salvar a Venezuela

Matar a la madre

Elogio al tendero