Notas al vuelo

El rey Midas

Noticias destacadas de Opinión

El que sube como palmera puede caer como coco, reza una frase popular que bien pudiera encajar en esa enmarañada historia de ascensos y caídas del empresario boliviano-brasileño-colombiano, Germán Efromovich, detenido la semana pasada por la policía brasileña junto con su hermano José, acusados por presunto fraude en licitaciones y pago sistemático de sobornos a ejecutivos de la petrolera Petrobras y de la transportadora de combustible Transpetro.

No es la primera vez que este perseverante cazador de negocios queda en el ojo del huracán, pues bien es cierto que, en febrero último, su nombre quedó envuelto en otro escándalo de la misma naturaleza, cuando un tribunal francés reveló una presunta red de sobornos del fabricante de aviones Airbus. En la investigación se involucraba a Avianca, empresa que, entre 2015 y 2016, había adquirido un elevado porcentaje de sus aviones a esa firma constructora, proceso comercial que Efromovich niega haber sido influenciado por acciones ilegales.

La vida empresarial de este emprendedor ingeniero mecánico ha sido una auténtica montaña rusa, llena de desniveles, con elevaciones pronunciadas y descensos vertiginosos, propia de un aventurero acostumbrado a dar batallas para ganarlas o perderlas. Trabajador precoz desde los 10 años, e independiente desde los 16, don Germán, como muchos acostumbran decirle por su calidez, buen humor y cercanía con la gente, se formó al ritmo de las oportunidades que se le fueron presentando y se convirtió en un visionario de los negocios y en un magnate regional.

En 2004 apareció providencialmente por el país, cuando se lanzó al rescate de Avianca, aprovechando la ganga con la que se ofertaba la centenaria aerolínea colombiana, postrada en estado de coma y con los oleos puestos. En medio de sus graves problemas financieros y laborales, la adquirió a precio de saldo —cerca de US$64 millones—, la renovó, modernizó su flota de aviones y le prendió los motores para y hasta convertirla en la segunda compañía de aviación más grande en tamaño de Latinoamérica, después de la multinacional chilena Latam Airlines.

Avianca, en ese momento, era una aerolínea atribulada, amparada por la ley de quiebras de Estados Unidos, con una flota de 37 aviones obsoletos, con los que no operaba más allá de 35 destinos, la mitad de ellos internacionales. Cuando Efromovich asumió su pilotaje, le impulsó el vuelo en un trayecto de tres quinquenios. Hace un par de años, la empresa contaba con 126 aeronaves, propias o bajo arriendo operativo, y una red de servicios extendida a un centenar de destinos, gran parte en el exterior.

Sin embargo, ciertas contingencias se confabularon para torcer la trayectoria. El exceso de inversiones, desmedido financieramente, en el plan de expansión de la compañía; sumado a la larga y costosa huelga de pilotos de 2017; a su acalorada disputa legal que, como consecuencia de sus particulares manejos administrativos, tuvo con Roberto Kriete, principal accionista de la salvadoreña Taca, con la que se fusionó; a un préstamo de incumplido pago por US$456 millones que solicitó a United Airlines para saldar deudas de otras de sus empresas en Brasil, utilizando su participación en Avianca como garantía, y a otros conflictos corporativos que lo implicaron, terminaron cortándole la cabeza.

Y fue por la decisión de United de ejercer sus derechos sobre Avianca, pactados en el contrato de préstamo, que Germán Efromovich, el hombre fuerte de la compañía, entonces con la mayoría accionaria de la sociedad, perdió su liderazgo y fue destituido de la presidencia. Kriete, su rival y segundo accionista, quien lo había demandado ante una corte de Nueva York, asumió las riendas.

En esa turbulenta época, la suerte del empresario de origen judío comenzó a cambiar. Otras de sus empresas de aviación acudieron a procedimientos preventivos de crisis, el caso de Avianca Argentina, o se vieron obligadas a buscar protección judicial contra los acreedores, como sucedió con Avianca Brasil. Pero las tribulaciones, agravadas por la pandemia del coronavirus, no han sido ajenas al desenvolvimiento de las demás compañías del extenso conglomerado que en América Latina construyó con su hermano José, entre ellas los astilleros, que se vinieron a pique, apalancadas, de paso, por la peor recesión registrada en la reciente historia brasilera.

Durante su larga carrera empresarial se le midió a diversos sectores productivos. Cogió por los cuernos negocios impensables que no pocas veces se le convirtieron en serias dificultades. A través de su poderosa casa matriz, Sinergy Group, compró, reestructuró, impulsó y vio quebrar empresas de hotelería, construcción naval, agroindustria, hidrocarburos y energía, exploración, explotación petrolera, radioquímica y radiofármacos.

Ejemplo de lo que es una auténtica máquina humana para el trabajo, ha vivido empecinado en cazar empresas en problemas y en situación de ganga. Recientemente estuvieron bajo su mira dos reconocidas aerolíneas en situación desesperada de tesorería, la portuguesa TAP y la italiana Alitalia. Fiel a una manida consigna personal que retrata los límites de su ambición, de siempre ir hacia adelante, siempre creciendo y nunca encogiendo, este hombre guerrero y luchador, al que le brotan ideas las 24 horas del día, es un enfermo acumulador de propiedades.

Efromovich, el rey Midas, el que inició su vida lavando platos y vendiendo enciclopedias, y llegó en la madurez de su vida a convertirse en uno de los pesos pesados de la región, a punta de levantar empresas muertas, enfrenta con arresto domiciliario sus momentos más difíciles. Los supuestos fraudes que se le investigan en Brasil por contratos fraudulentos de un astillero parecen, definitivamente, cortarles el vuelo de sus ambiciones y hacerlo aterrizar.

Posdata: La investigación que inculpa a Germán Efromovich se adelanta en desarrollo de una nueva fase de la Operación Lava Jato (Lavado de carro), que indaga sobre posibles delitos de corrupción y blanqueo de capitales, cometidos en el marco de licitaciones y firma de contratos de compraventa de naves dentro del programa del gobierno federal para la reestructuración de la industria naval brasileña.

gsilvarivas@gmail.com

@Gsilvar5

Comparte en redes: