La Lizama: la esperanza revive tras el derrame de crudo de 2018

hace 4 horas
Por: Alvaro Forero Tascón

El riesgo no es la paz, sino el populismo

El "peligro" no es que las Farc hagan política, es que hagan populismo. Y ese riesgo no lo genera el acuerdo de paz, sino la dinámica política actual. Hugo Chávez pagó cárcel y no tuvo curules automáticas.

El populismo no nace espontáneamente. Gaitán surgió luego de los excesos de Laureano Gómez y la ruptura del Establecimiento por la polarización extrema que llevó a la caída del gobierno de Alfonso López Pumarejo. Donald Trump surgió luego de que la oposición republicana, ciega de odio por Obama, degradara la política con mentiras extremistas, pintando como izquierdista peligroso a un presidente moderado que salvó la economía del colapso y sacó a su país de dos guerras perdidas. A Chávez lo impulsaron el “Caracazo” y el fin del gobierno de Carlos Andrés Pérez por un juicio político por corrupción, hecho de grandes proporciones consecuencia del desplome de la economía, los excesos represivos contra la ciudadanía y el desplome del sistema político.

Luego del “susto” de Gaitán, para evitar el regreso del populismo caudillista, el Frente Nacional construyó un esquema clientelista que compensara la falta de legitimidad del sistema político. Duró cerca de medio siglo, pero la crisis de seguridad de principios de este siglo generó las condiciones para la derrota del bipartidismo a manos de una propuesta política que contenía elementos de populismo autoritario de derecha. Cohabitó con el sistema político fragmentándolo en varios partidos, pero cuando perdió el poder en 2011 se activó de nuevo en contra de la coalición gobernante.

El riesgo del populismo de izquierda no está en darles acceso a las Farc a la democracia, sino en pavimentarles el camino con populismo de derecha. Mientras no existan terremotos económicos e institucionales como los que le abrieron la puerta a Chávez, las Farc no tendrán condiciones favorables para superar la profunda desconfianza que despiertan en los votantes. Por más esfuerzos que hagan por construir una base política mediante el atizamiento de la protesta social, las barreras para el crecimiento político de las Farc serán enormes. A menos que continúe reforzándose la tendencia populista actual de deslegitimar al Estado por medio de una oposición feroz que promueve el odio personal al presidente, la acusación permanente de ilegalidad de todos los actos del gobierno, las cortes y el Congreso, los llamados a la resitencia y desobediencia civil, el uso de acusaciones temerarias y falsas como forma de hacer política, el apoyo a paros camioneros y la resistencia a reformas como la tributaria. Pero sobretodo, la técnica populista de crear una división rencorosa entre ciudadanía y gobernantes. Una cosa es la baja legitimidad del Estado y otra la confrontación agria entre poder y ciudadanía. La paz podría ser un gran legitimador del sistema político, pero el fraccionamiento está impidiéndolo.

Lo que puede facilitar el acceso de las Farc al poder no es la entrada a la democracia, que tendrá pesadas cargas y controles a los que les será difícil adaptarse. Es la divisíon del Establecimiento, que debilita su capacidad para hacerles contrapeso, y la deslegitimación de las instituciones por un sector del propio Establecimiento, que quiere atajar el populismo con populismo.

 

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