Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El río revuelto

Lo del Cauca es preocupante, porque el polvorín indígena es capaz de desatar un terremoto político.

Creo que el Gobierno tiene razón cuando pregona que no está dispuesto a ceder un milímetro de territorio a los indígenas, pero no entiendo, entonces, cómo es posible que explore un acuerdo con ellos, que incluya el retiro de parte de la tropa.

Ojalá esta emergencia se solucione definitivamente, porque lo único que no le puede pasar a este Gobierno, que atraviesa su más peligrosa hora, es que se subleve la población indígena que estaba, si no en completa paz, al menos sí en calma. El Gobierno ha denunciado que los indígenas están infiltrados por las Farc, lo cual si bien no es descartable, no puede convertirse en única versión. Si las Farc infiltraron el movimiento indígena, ello no sería nuevo, y es allí donde cabe preguntarse ¿por qué sólo hoy reventó esta tensa situación? ¿Quién más está moviendo los hilos de este conflicto? ¿Y qué tiene que ver la tenebrosa ultraderecha con esta emergencia?

Ha sido ostensible el ambiente de fiesta que se respira en las toldas de ese uribismo vengativo con la movilización indígena, pasándole cuentas de cobro al Gobierno, unos por inepto y otros porque lo acusan de que todo se le salió de las manos. Que no vengan a decir que son simples espectadores, cuando su vocero en la sombra, el inmoral procurador en trance de hacerse reelegir como sea, ya aseguró que el problema con los indígenas es que se pretende montar una zona de distensión en el Cauca. Qué curiosa coincidencia entre el procurador candidato, con la bitácora reaccionaria del trío perverso de El Nogal, que ahora sin ningún pudor se opone a cualquier intento de diálogos entre Gobierno e insurgencia, porque a ellos lo único que les sirve es la guerra que tampoco ganaron cuando gobernaron.

Que los tres chiflados de El Nogal, Álvaro Uribe, Fernando Londoño Hoyos —el Héroe de Invercolsa— y José Obdulio — el primo hermano del Patrón del Mal—, andan frotándose las manos con la amenaza de asonada indígena, de ello no hay duda. Lo mismo harán si se produce un fallo adverso en La Haya sobre San Andrés, libreto incendiario que ya tienen ensayado y con el que esperan enfrentar las próximas elecciones.

Este triángulo malvado sigue alborotando a militares con discursos provocadores, como los que se oyeron en El Nogal —el único club social que oficia de directorio político—, al lanzar ese esperpento totalitario del Puro Centro Democrático. Lo delirante es que crean que ellos son como los clubes a la usanza de la revolución francesa, cuando no son más que unos jinetes aventureros montados en el terror buscando purgar faltas imborrables y pecados impublicables.
Que nadie se llame a engaño. Detrás de los indígenas a lo mejor están las Farc, pero también las mentes perturbadas del fascismo criollo.

Adenda Nº 1. Sorprendente la entrevista en la revista Bocas del alcalde de Cali, el momio Rodrigo Guerrero, en la que para defender a su ciudad sólo se le ocurrió la mezquina estrategia de celebrar subliminalmente la corrupción de los Nule en Bogotá. En épocas del presidente Carlos Lleras, siendo alcalde de Bogotá Virgilio Barco, hubo otro burgomaestre caleño, Luis Emilio Sardi Garcés, quien se hizo tristemente notorio al minimizar con expresiones envidiosas el programa “Cuando toca toca y ahora le toca a Bogotá”, con el que Barco hizo importantes obras. Ah, estos momios nacen, crecen y se reproducen igualitos.
Adenda Nº 2. La enfermedad o mejoría del vicepresidente Angelino Garzón no compete exclusivamente a la privacidad de su familia. Tampoco puede farandulizarse su salud, como si fueran las “genialidades” de Amparo Grisales. Es un asunto de Estado, que tenemos derecho a conocer todos por tratarse del interés colectivo de la seguridad nacional. Es extraño, por decir lo menos, que la familia de Garzón ni siquiera le hubiere permitido al presidente Santos verlo cuando lo visitó en días pasados.

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