Por: Piedad Bonnett

El rompecabezas de Avianca

Resulta extraño que los líderes de opinión se hayan manifestado tan poco sobre el paro de Avianca, que afecta de manera tan grave al país. Y creo entender que esto se debe a que el tema es tan espinoso y tiene tantas aristas que uno no sabe por dónde cogerlo. Entre las opiniones que he leído están la de Javier Ortiz Cassiani, que tercia a favor de los pilotos y señala cómo la prensa se concentra en las incomodidades causadas por los huelguistas, y no en aspectos más sustanciales del problema; la muy emotiva de Aura Lucía Mera, que ensalza a la compañía y arremete contra la voracidad de los 700 pilotos que la ponen en jaque; la sensatísima de Laura Gil, que analiza por qué declarar ilegal la huelga de Avianca “sienta un precedente que cercena el derecho de todos los trabajadores de Colombia”, y cómo la reacción frente a la misma “no deja de tener un tufillo clasista”, que contrasta con la actitud indolente frente a otros paros, como el de los maestros; y la de Aurelio Suárez, en Blu, quien después de denunciar, con numerosas cifras y datos, las dificultades económicas por las que pasa Efromovich en algunas de sus empresas, se pregunta si será que la competitividad de Avianca se centra “solo en un recurso humano barato”.

Es muy posible que todos tengan razón. Comenzaré por la opinión de Aura Lucía Mera, advirtiendo que, como ella, soy una simple colombiana tratando de formarse una opinión y movida por diversos sentimientos, entre otros el de la incertidumbre que todo viajero experimenta en estos momentos. ¿Quién podría negar que Avianca es uno de nuestros orgullos, en un país donde se siente tan poco orgullo por lo propio, y más bien tanta rabia por la ineficiencia, el saqueo y la mediocridad de nuestras instituciones? ¿Y quién puede negar que fue Germán Efromovich, un extranjero, el que de la mano de Fabio Villegas la sacó adelante, e hizo posible que los colombianos nos sintamos ahora respetados por nuestra aerolínea nacional, y seguros de viajar en sus aviones? Porque somos muchos los que recordamos el maltrato con que nos trataba Avianca antes de Efromovich, maltrato que incluso generó el nacimiento de Aces, cuyo eslogan era “Por el respeto”. Pero también habría que decir que la fiereza con la que han reaccionado Efromovich y Hernán Rincón, presidente ejecutivo de la compañía, nos recuerda la intransigencia propia del mundo empresarial del capitalismo salvaje, que muestra los colmillos despiadados cuando peligran sus intereses. Todo parece indicar, también, que los líderes sindicales de ACDAC dieron papaya, como se dice, y creyeron que pidiendo lo imposible iban a lograr lo posible. Lo que la prensa ha revelado sobre sus peticiones los muestra como unos agalludos desvergonzados. Y sin embargo, parece que faltan varias piezas en este rompecabezas. Una es la que pareciera aportar Aurelio Suárez, que ventila las quiebras, pleitos y fracasos de Efromovich en otros campos. A todas esas lo que uno piensa es que los colombianos no tenemos toda la información requerida. Que se nos han escamoteado muchos datos. Y ahí la prensa tiene mucha responsabilidad. Como dice Aurelio Suárez, “urge esclarecer todo esto para que se sepa la verdad total”.

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