Por: Julio Carrizosa Umaña

El saber colombiano

El saber colombiano nos podría conducir a la paz si lográramos desechar y olvidar las teorías económicas y políticas dominantes.

Me refiero a esos cuentos en los que todavía, casi sin darnos cuenta, fundamentamos continuamente imaginarios y acciones y sobre todo a los cuentos del neoliberalismo y del marxismo leninismo.

Frente a esas elegantes construcciones teóricas de Smith, Shumpeter, Marx y Lenin, el saber colombiano, el de la gente común y corriente, el de los buenos ciudadanos que han sustentado la nación, tiene una ventaja poderosa, la de haberse construido colectivamente en una realidad extremadamente compleja y en situaciones vitales. Durante más de sesenta años enfrentándose a la guerra, a la corrupción, al narcotráfico, a la pobreza, millones de familias colombianas han logrado salirse de las teorías, sobrevivir, crecer e inclusive prosperar en un conjunto de ecosistemas único en el planeta por su diversidad y complejidad, encontrando siempre soluciones propias, complejas y ajenas a las instrucciones construidas en otros países por esos pensadores.

Son esas experiencias de millones de colombianos de todas las clases sociales las que han permitido que Colombia siga siendo una nación a pesar de todas las tragedias que nos han sucedido. En medio de las guerras sustentadas en teorías ajenas a nuestra realidad, de las crisis económicas originadas en fracasos académicos, de la demanda internacional de drogas ilegales y de la pobreza y el caos generado desde el exterior, el saber colombiano se ha desarrollado en nuestras propias vivencias territoriales

Sin embargo, en estos momentos de crisis económica y de terquedad política, las ideas neoliberales y marxistas leninistas todavía construyen obstáculos verbales aterradores que nos amenazan continuamente con predicciones de quiebras y violencias y es necesario hacer valer las otras formas de pensar y de vivir que se han desarrollado en nuestras coyunturas, validadas por nuestras propias experiencias, las de millones de colombianos que en la realidad ecológica y cultural del trópico tratan de conformar una nación cada vez que logran escaparse de las pesadillas imaginarias que se forjaron hace tantos años en la experiencia europea.

Tenemos que apostar a que esos saberes colombianos serán capaces de probar las simplezas, las falsedades, las inconsistencias y las debilidades de los imaginarios que todavía nos amenazan con el cumplimiento de las profecías de los antiguos maestros si no seguimos fielmente sus instrucciones. Solo así lograremos construir
nuestra paz.

 

 

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