Por: Lorenzo Madrigal

El salto de los delfines

Que los delfines saltan es un hecho. Y no sólo puede verse en los criaderos, como fue el del Capi Ospina Navia, sino en el mundo político.

Ahora mismo el país tiene un presidente de la República que es un delfín. Su tío abuelo, el presidente Eduardo Santos Montejo, no tuvo hijos varones y su única hija, Clarita, murió en la niñez.

Enrique Santos Montejo, hermano del presidente, fue el progenitor de los dos varones más significativos, por años, en la conducción del diario El Tiempo, Enrique y Hernando Santos Castillo. Del primero de ellos es hijo don Juan Manuel, presidente de Colombia en feliz ejercicio. Es, por tanto, un delfín por vía colateral, porque los delfines también saltan de medio lado.

Pues bien, el pasado veinte de julio salió convenido y finalmente votado como presidente de la Cámara de Representantes el joven Simón Gaviria Muñoz, hijo del presidente César Gaviria.

A ver, delfines han sido más de uno, echando para atrás en la historia: don Miguel Antonio Caro fue hijo de don José Eusebio, cofundador del Partido Conservador, caso éste en que el presidente fue el hijo. El general don Jorge Holguín, presidente interino en varias ocasiones, era hermano de don Carlos Holguín, quien lo precedió como presidente de período completo, por cesión de Núñez.

En los años veinte el general Pedro Nel Ospina fue presidente, hijo de don Mariano Ospina Rodríguez, primer magistrado en el siglo diecinueve. El general Pedro Nel dejó el mando en el año 26 y veinte años más tarde se posesionó don Mariano Ospina Pérez, su sobrino. En 1974 tomó el primer cargo de la República don Alfonso López Michelsen, hombre de prodigioso talento, hijo del presidente Alfonso López Pumarejo, quien había asumido cuarenta años atrás.

Guillermo León Valencia, presidente en el 62 del siglo pasado, era hijo del poeta Guillermo Valencia, candidato a una segura presidencia en 1930, la cual perdió, pero el mayorazgo de la Casa Valencia lo resarció con creces.

Misael Pastrana engendró a un presidente, su hijo Andrés. Como ya figura en la antesala de un ministerio un hijo del presidente Ernesto Samper.

Nada de esto es necesariamente malo, pese a su cariz monárquico, puesto que los delfines van creciendo con preparación especializada. Qué decir de Álvaro Gómez, inteligente y estructurado, hijo del presidente Laureano Gómez, a quien el odio exacerbado de sus adversarios y su consiguiente leyenda negra le impidieron al hijo escalar el último peldaño de una brillante carrera, la primera magistratura de la Nación.

Y no sólo presidentes hijos de presidentes, también el segundo cardenal que tuvo Colombia, Su Eminencia Luis Concha Córdoba, fue el único hijo varón del primer matrimonio del presidente José Vicente Concha. Dejémoslo ahí.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Lorenzo Madrigal

Si fue el uno o si fue el otro

“Yo vine porque quise”

En el desespero final

Final, final, final

Indeseable, la extradición