Por: Óscar Sevillano

El San Viator y Nicolás Machete

Un país que asegura a los cuatro vientos estar molesto y dolido por el crimen y violación de la menor de edad Yuliana Samboní, sucedido hace un año, debería mostrar igual proceder para todos los casos similares. Sin embargo, no es así. La actuación de los padres de familias, alumnos y directivos del Colegio San Viator, que prefirieron hacerse al lado del cura señalado de acoso y violación a dos estudiantes, demostró lo contrario.

En mi mente aún existen las imágenes de la comunidad educativa manifestándose en favor del exrector Albeiro Vanegas. Una de estas fue  emitida por el Noticiero Red + Noticias en donde alumnos revelaron un carta firmada por ellos, mostrándose a favor del sacerdote  y destruyendo el nombre de Nicolás Machete, haciéndole ver como un estudiante indisciplinado y de mal comportamiento, revelando además un escrito, donde meses antes se había retractado de los señalamientos que hacía. El joven asegura que no escribió el texto, que fue redactado por su señora madre.

Puede que lo dicho sobre la persona de Nicolás Machete tenga algo de cierto, sin embargo vale preguntar ¿Qué tiene que ver la supuesta indisciplina del joven estudiante con las denuncias por las cuales se investiga al sacerdote y ex rector?; ¿es que acaso  en el afán de lavarle el nombre al sacerdote Albeiro Vanegas y al mismo colegio, se acude a la práctica de enlodar a quien ejerce una denuncia?; ¿en dónde quedó la obligación del Colegio San Viator de dar garantías a la posible víctima para que no se viera sometido a cualquier tipo de persecución, ni por parte de sus compañeros, ni mucho menos de los miembros del mismo plantel educativo?; ¿de qué está sirviendo o de que sirvió el acompañamiento del ICBF?

Nicolás Machete tomó la decisión personal de no regresar a clases en el Colegio San Viator y terminar el año académico, presentando sus trabajos y evaluaciones virtualmente. De manera extraña, las directivas le invitan a recibir su grado como bachiller, no de modo presencial en conjunto con sus compañeros, sino privadamente, es  decir, a escondidas, lo que el joven acepta para no verse sometido a soportar posibles desplantes del resto de asistentes.

El argumento para hacer semejante invitación,  fue el que su integridad se podría ver expuesta al reencontrarse con sus compañeros y de los padres de familias.

El Colegio San Viator acude a este tipo de procedimiento con los alumnos que presentan casos de indisciplina y mal comportamiento. El caso de Nicolás Machete, no se ajustaba a ninguno de estas dos características, ¿Por qué entonces se procede de esta manera?; ¿es que acaso el Colegio San Viator no deseaba reconocerle el título de bachiller públicamente como era lo indicado?

La obligación no solo del San Viator, sino además de todos los colegios del país, es la de brindar de garantías de que a todos los estudiantes les serán otorgadas condiciones absolutas de respeto por la integridad de cada uno de ellos, tanto al interior de los planteles, como de todos los actos públicos que organicen estos centros académicos.  No es posible, que se acuda a la celebración de miniactos privados, es decir a escondidas, porque al hacerse de esta manera, se evidencia una total incapacidad del colegio para cumplir con uno de sus principales obligaciones (garantizar un ambiente de respeto entre toda la comunidad asistente al acto).

Es claro que para el Colegio San Viator le resultó bastante incómodo el escándalo por posible acoso y violación a menores de edad, que aún no ha podido superar. Sin embargo, no por eso se debe en primer lugar involucrar a los alumnos, en su mayoría menores de edad, para que con cartas firmadas,  se pronuncien en favor del mismo plantel. La obligación de este,   es la de brindar garantías de respeto por la integridad de niños y adolescentes que acuden a sus instalaciones para recibir sus clases y no la de solapadamente utilizarlos a su favor a través de “cartas espontáneas”, en donde se ejerce el linchamiento público a una de las posibles víctimas.

Por suerte para Nicolás Machete todo este episodio ya pasó. Ojalá que el Colegio San Viator logre superar todo este problema muy pronto. Dejo claro eso sí, que antes del cierre de esta columna, busqué hablar con alguien del centro educativo, sin embargo no fue posible encontrar una respuesta.

Insisto una vez más en mi comparación: si el señalado de acoso y violación fuera el celador del Colegio San Viator, estoy seguro de que su despido se hubiese dado de manera inmediata y todos sin ninguna vacilación estarían del lado de las posibles víctimas, pero como se trata de un cura con poder, la cosa es distinta.

 

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