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hace 1 hora
Por: Luis Eduardo Garzón

El santísimo poder

SON TRES PERSONAS DISTINTAS Y UN solo interés verdadero: el presidencialismo. Correa, para distinguirse, usa camisas blancas de cuello alto y bordado indígena, con un claro olor demagógico. Chávez uniformó a Venezuela de rojo para diferenciar quién es, o no, traidor a la revolución, y Uribe nos puso a cantar el himno nacional con mano en pecho de tal manera que el que no lo hace es un mal patriota.

El Presidente colombiano promueve sus consejos comunitarios, el ecuatoriano hace lo propio con lo que él denomina gabinetes itinerantes y el venezolano su ya conocido Aló Presidente. Consejos, gabinetes y programas en los que, además de hacer gala de su locuacidad, asumen que cuando las cosas salen bien son jefes y, cuando no, son intermediarios entre el ciudadano y el Estado trasladándoles toda la responsabilidad a sus propios funcionarios.

Todo lo hacen en nombre de Dios y de Bolívar, y de vez en cuando rescatan algún prócer de segundo nivel. Modifican las Constituciones a su medida las veces que quieren, incluyendo, claro está, el articulito que los vuelve fuentes inagotables de poder. Y cuando ven en riesgo su gobernabilidad como consecuencia de la única dictadura a la que le temen; la de las encuestas, sacan a relucir sus dotes de, lo que llaman sus aduladores, frenteros y se inventan el cierre de un canal de televisión o el embeleco de crear otros para mantener a los medios de comunicación a sus pies. A los cancilleres los usan para hacer declaraciones, ‘insulzas’, ante la OEA. La institucionalidad de la justicia la consideran un obstáculo permanente y por eso la vuelven su enemigo interno, para reformularla a imagen y semejanza de ellos, utilizando cuanto plebiscito y referéndum se les ocurra para chicanear que tienen exceso de democracia. En fin, un personalismo que conlleva a que cuando estornudan salpican todo el Estado.

La única diferencia de fondo es que mientras para los gobernantes venecos y ecuatorianos su principal enemigo son los Estados Unidos, para el mandatario colombiano este país es su principal aliado. Los primeros hacen de las alianzas antigringas una estrategia en las que el enemigo de mi enemigo es mi amigo y de allí, sin ser Farc, terminan siendo condescendientes con ellas, mientras que nuestro mandatario paisa termina por declarar esa actitud cómplice del terrorismo. Farianizaron las relaciones políticas, económicas y comerciales que de no arreglarse conducirán a la hecatombe. De resto, son tal para cual. Igualiticos.

De esta personalización del poder los únicos culpables son los políticos. Partidos desacreditados, parlamentarios judicializados, gobernantes corruptos y, sobre todo, una ausencia absoluta de contrición. Patética ha sido la reciente coyuntura colombiana en la que mientras la farándula hace política, y de la seria, los congresistas hacen farándula, y de la mala. Juanes, Shakira y Vives no sólo cantan y convocan, también mandan mensajes de reflexión sobre el desplazamiento, la guerra y el secuestro. Mientras tanto, la saliente presidenta del Senado le dedica gran parte de su discurso a cuestionar la empelotada de Yidis y el despilfarro en la boda de Rocío Arias, y a promover terceras estrofas sin precisar a qué himno o canción se refiere.

Lo grave es que salvo México, Chile y Brasil, Latinoamérica está inundada de mesiánicos. Por eso, cuando mucha gente se me acerca para promover proyectos personales, le manifiesto que prefiero retirarme de la vida pública a actuar como aquel jugador de fútbol que patea el tiro de esquina, lo cabecea, mete el gol y lo celebra al mismo tiempo. Los liderazgos individuales son importantes, pero ellos no son los que escriben la historia. La historia escribe sobre ellos. Pero también es clave que los partidos sean capaces de seducir a la gente y no como sucede hoy, que, en lugar de atraer, ahuyentan. ¿Por qué no plantearse la refundación de todos los existentes?

 

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