Por: Lorenzo Madrigal

El segundo puesto más importante

EL SEGUNDO PUESTO MÁS IMPORtante del país deviene en tres o cuatro, según se mire.

Yo diría que es la vicepresidencia de la República, pero otros sostienen que no, que es la Fiscalía General de la Nación y no pocos piensan que es la Alcaldía Mayor de Bogotá.

No faltan los que sostienen con ahínco que es el Ministerio del Interior y de Justicia, cuyo actual titular es tenido como sucesor de Santos, así no le guste que le digan Lleras, por sus ancestros políticos, sino Vargas, por su distinguido padre.

Por ahora el asunto es la Alcaldía Mayor de esta ciudad inmensa, sin vías, sin seguridad, sin nomenclatura visible, sin servicios sanitarios y sin planeación urbanística. Esto último ya no tiene remedio.

Ciudad que por hallarse demorada en la ejecución de innumerables obras simultáneas y de corrupción igualmente simultánea, tiene suspendido al titular de elección popular (¿esto puede hacerlo un procurador?) y ahora mismo es gobernada por una dama, que ha tenido que dejar abandonada su cartera (o bolso) para ocuparse de este maremágnum. Porque la educación da espera.

¿Cuál ha de ser, cuál ha de ser, Dios mío? clamaba Ángel Montoya o Ismael Enrique Arciniegas, algún romántico. Cuál ha de ser el sucesor de este desastre: corresponde al Polo Democrático proponer una terna y en ella suenan sus más caracterizados jefes o jefas.

Carlos Gaviria, Papá Noel, nos podría hacer un arbolito de Navidad o un pesebre con tanta arena regada y con las cintas y avisitos rojos de desvío o, mejor, llevarnos en trineo por encima de las sufridas décima y veintiséis y ahora también la séptima, interrumpida dramáticamente en la calle 28, y para siempre.

Pero Carlos Gaviria no quiere y tiene toda la razón. De ser candidato presidencial a heredero suplente del segundo puesto más importante, pues no. Él no está para iniciar carrera política ni para que le ofrezcan sobras de los Moreno.

Dejemos entonces que sea Clara López, pero ella defendió a Samuel hasta que ya no pudo más. Una vez caído le dio el palazo de gracia, a nombre del Polo. Además habría que tolerar en su gobierno la compañía de su esposo, don Carlos Romero, el mal encarado secretario perpetuo del izquierdismo capitalino.

Que sea, pues, Wilson Borja, siempre que cambie su sombrero de fieltro por un casco de constructor; que sea Angelino Garzón, si es aún del Polo, y en este caso tendría a su cargo dos segundos puestos más importantes y, bueno, conseguiría algo en qué ocuparse, distinto de opinar sobre todos los temas, por cierto con bastante aceptación.

El presidente Santos jamás pensó que le correspondería nombrar fiscal y alcalde mayor por ternas que le irían a someter y a las cuales podría declarar inviables, para acrecentar así el número de los ex ternados de este país.

 

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