"El Señor de la noche"

Antonio Ibáñez ha muerto. El gran guardián de las "efemérides" no podrá hablar esta noche. Nos dejó hacia las 3:30 a.m., en su mejor horario.

Antonio Ibáñez fue un hombre de radio. Desde 1953, cuando hizo sus primeros programas en Medellín, recorrió la noche a través de la radio y viceversa. Tuvo un paso inolvidable por la televisión y fue uno de los galanes de mediados de los cincuenta. Luego viajó por Europa y siguió cultivando su mente, a través de lecturas diversas. Después, hace treinta años se instaló en la Autopista de la noche, primero en Caracol y finalmente en Todelar. Édgar Artunduaga, en Todelar, decía que son muchos los “huérfanos” de la noche a partir de ahora.

Ojalá alguien que tenga una cultura y un estilo parecido a Antonio y mantenga viva la llama de la cultura en las madrugadas colombianas.

Tuve la oportunidad de compartir con él en los últimos cuatro años de programas. Hablamos en esas noches inolvidables de Spinoza, Borges, Abelardo y Eloisa, Mayo del 68, La Guerra Civil española, La Sorbona, Bergman-Antonioni, etc. Así de diverso era el programa de Antonio. Esas noches hicimos radio-teatro. La última vez que lo vi fue hace un año cuando hicimos un programa, paradójicamente, sobre La muerte de Empédocles, la obra de Hölderlin. Hasta el último día Antonio pasó sus días en su cuarto del barrio El Polo en medio de lecturas interminables. Su curiosidad era insaciable.

Me hubiera gustado hacer un último programa con Antonio Ibáñez, uno dedicado a su vida (no a su muerte). Varias veces se lo propuse, pero su modestia lo impedía. Un hombre dedicado a destacar fechas sublimes y a homenajear personajes célebres y anónimos, nos deja y sólo podemos entregarle estas brevísimas palabras.

También hubiera querido mostrarle un cuento en el que él aparece. En su nueva dimensión lo espera uno de sus grandes amigos para seguir haciendo radio “intergaláctica”, Jaime Ortiz Alvear. Allí se encontrará con todos los autores a los que se dedicó durante tantos años. Buen viaje a Antonio y buen viento para su hija y nietos.

 Alberto Bejarano. Bogotá.

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