Por: Mauricio Rubio

El sexo en la memoria históricamente correcta

La foto de Silver, recién abatido jefe de un narcofrente de las FARC, con su compañera Mery es reveladora de una faceta ignorada del conflicto: las parejas en los grupos armados.

 

Traficante exitoso, Silver supo enamorarla. “Le manda traer ropa de marca y joyas” contaba un reinsertado.  Hasta le pagó viaje a Medellín para las cirugías de nariz y de senos. Reclutada por él siendo niña, nada se sabe sobre su primer encuentro sexual. La ternura de la foto indica que Mery jamás mencionará una violación. Dirá que no estaba lista, o que su familia la presionó. Podría incluso anotar que él la protegió del abuso en su hogar. 

Este romance es invisible para Basta Ya, el informe del Grupo de Memoria Histórica que adoptó sin matices el guión, importado de conflcitos étnicos, de la violencia sexual como arma de guerra. El GMH aporta testimonios sobre el uso estratégico de las violaciones. Pero también alude, sin comentarlas, a variantes que revelan un panorama más complejo. 

Una maestra no olvida “esa niña de doce años, llevada a empujones, llorando por todo el camino, que subió a pie la Sierra hasta la finca donde su padre negociaba con “El Patrón” su virginidad por 5 millones de pesos”. Otra mujer cuenta cómo, antes de endosársela al jefe paramilitar, una enfermera “me empezó a tocar, a manosear, me dice que me quite la ropa, pero que lo haga despacio, que vamos a ver un show o algo así”. Una joven recuerda que de niña el comandante “dijo que yo tenía que ser su mujer. Un día, volvió acompañado por dos guerrilleras para que ellas  me persuadieran. Ese día él me llevó y me tomó a la fuerza. Me dijo que mi virginidad sólo sería para él. Parecía un diablo”. Una candidata al reinado organizado por un comandante, “estaba feliz… mientras tomaban él decía que ella era su novia. Pero luego se la llevó a un cuarto y quiso abusar de ella”.

En el país los guerreros no sólo raptan y violan. También se encaprichan, se enamoran, seducen, persuaden, engañan o compran a las jóvenes o a sus familias. Y tales situaciones, como Silver conquistando, son aún más difíciles de juzgar o prevenir que la del enemigo depredador. La vida de pareja en el conflicto colombiano requiere un diagnóstico más elaborado y relevante. Poco aportan doctrinas globales como la del combatiente violador, incoherente no sólo con muchos testimonios sino con la práctica del aborto forzado, que Mery tal vez ya sufrió. 

Referencias y foto

 

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