El siglo de las mujeres

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Al terrible 2020 le hacía falta una buena noticia. La elección de Joe Biden como presidente de los Estados Unidos es un respiro y una decepción menos para la humanidad. Las elecciones en ese país siempre son de interés mundial por el impacto de su política exterior, pero esta vez fueron mucho más significativas porque los estadounidenses ya sabían qué esperar con la reelección de Trump.

Por lo anterior, no es de extrañarse que Biden haya triunfado con el mayor número de votos y que Trump sea el presidente en ejercicio más votado en la historia electoral de los Estados Unidos. Esto evidencia la realidad de un país dividido, donde un grupo importante de la población ya no cree en las instituciones, se resiste, tiene miedo, se siente desprotegido, y hay otro que entiende que las instituciones son la única vía y que la verdad es más importante, aunque cueste aceptarla. Lo que sucedió allá es el reflejo de una realidad mundial que ha permitido el surgimiento de líderes populistas, de tinte dictatorial, que una vez en el poder minan las instituciones y explotan el miedo de la gente para justificar sus acciones, generando una falsa red de seguridad. El discurso es claro: si no soy yo, llegará el caos y por eso el fin justifica los medios.

La elección de Biden significa el retorno a un liderazgo moderado, decente, que respeta las instituciones y valora la verdad y la ciencia. Tal vez algunos no lo vean como un líder carismático e inspirador, pero sin duda está preparado y su trayectoria demuestra que es una buena persona (no sé en qué momento empezamos a creer que la decencia y la honestidad ya no eran importantes a la hora de seleccionar a nuestros gobernantes).

Adicionalmente, la elección de Kamala Harris como vicepresidenta hace esta noticia aún mejor. El origen étnico y el género no hacen a las personas especiales (para la muestra, nuestra vicepresidenta). Lo que hace a Kamala extraordinaria es lo que ha logrado a pesar de estas características que, sin duda, en ciertos entornos condicionan (para la muestra, nuestra alcaldesa de Bogotá). Contra todo pronóstico, esta hija de inmigrantes académicos (un jamaiquino y una india tamil que se conocieron estudiando), que hizo parte de un proceso programado de integración en su escuela primaria predominantemente blanca, cuenta con una carrera brillante. Se convirtió en la primera fiscal mujer y de color de San Francisco y después de California; llegó al Senado con un amplio apoyo electoral y ahora es la primera mujer, la primera afroamericana y la primera de ascendencia asiática elegida como vicepresidenta de los Estados Unidos. Encarna todo lo que Trump desprecia: las mujeres, los afroamericanos y los inmigrantes. Otro triunfo para la humanidad, trascendental en estos tiempos de odios, prejuicios y polarización, y un gran ejemplo para las niñas a nivel mundial.

Kamala es la primera, pero no será la última. No cabe duda de que este será el siglo de las mujeres y que, así como ella lo logró, vendrán muchas más. Todos estamos sumergidos en nuestros propios problemas y realidades, este año probablemente mucho más, pero, sin entusiasmarnos más de la cuenta, lo que pasó en estas elecciones da esperanza, en un mundo que al parecer necesita tocar más fondo para empezar a reaccionar.

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