El silencio de la ignominia

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El silencio es un lujo (y una tortura). Bien lo han entendido quienes en Colombia tienen la posibilidad de vivir en sitios alejados de la ciudad que habitan. Pueden pensar, pueden oírse, pueden conversar con el otro frente a ellos o con el otro que los puebla. Para quienes no habitan alejados del llamado mundanal ruido, existen tres días que son un regalo: el Viernes Santo, el 25 de diciembre y el 1° de enero. A esos días el silencio otorga un color: en la mañana son amarillos (resplandece el sol) y en la tarde la brisa que sopla los pinta de gris. Después del crepúsculo, la noche retorna y se prepara para enfrentar la bulla que es esa ignominiosa costumbre de hablar y escuchar sin decir ni oír nada.

Hay también otro silencio. Es el silencio de la ignominia. Es el silencio que trae consigo una ofensa grave y destruye la dignidad de la persona. Es el silencio del verdugo. Colombia es un país hecho de silencios de este tipo, por eso su dignidad es una tierra mil y una veces maltrecha y derrotada. Ahora, en el gobierno de Iván Duque, es el imperio del silencio. O lo disfraza de un discurso que desvía la atención hacia otros ruidos. Calla Iván Duque ante el silencio de décadas transformado en protesta en las calles. Calla cuando entabla un diálogo con las nuevas ciudadanías en el que no surge el puente por el que puedan pasar sus planteamientos (¿tiene propuestas Duque?, no se sabe) y los del Comité del Paro Nacional. Él es un monólogo que repite sus paupérrimos y naranjas logros. Él es una salmodia que sólo desea feliz Navidad y elogia a las fuerzas mal llamadas del orden. Ese silencio de Duque parece aumentar con cada muerto descubierto para develar la infamia del gobierno de la Seguridad Democrática que sigue gobernando a sangre y fuego a través de él.

Al cierre de esta columna se supo que asesinaron a Lucy Villarreal, lideresa social de Tumaco, en Nariño. Era madre de dos hijas menores de edad y hacía parte de la Fundación Cultural Indoamericano de Pasto, integrada por músicos y bailarines que trabajan desde 1994 para mostrar su espectáculo artístico durante el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto. El gobernador Camilo Romero trinó sin tardanza: “¡No puede ser tanta infamia! Asesinaron en Tumaco a Lucy Villarreal, lideresa, cultora del carnaval y defensora de la vida. Lo hicieron cuando terminaba un taller con niños. La tristeza es inmensa. Esta noticia empaña la Navidad. Solidaridad con sus familiares. ¡No más!”. En contraste con el silencio del presidente de esta mal llamada república, que se afianza con la cantidad de muertes y se propaga como una orden que nadie (todos) oyen: “¡Que siga la fiesta de sangre!”.

Escribió la poeta María Mercedes Carranza en su primer libro titulado Vainas publicado en 1972, un poema titulado “El silencio”: “-Parece verde / -es verde / -¿es verde? / -sí, es verde / -verde / -¿te gusta el verde? / -me gusta el verde / -¿cualquier verde? / -no, el verde solamente / -¿por qué el verde? / -porque es verde / -¿y si no fuera verde? / -no, sólo me gusta el verde / -¿sólo el verde entonces? / -sí, sólo el verde / -es lindo el verde / -sí, el verde es lindo / -claro, el verde / -sí, el verde”. Este elogio del diálogo insulso, banal, sin fundamento. La propia habladera de paja que no conduce a nada. La mentira distractora. La frase bien dicha pero sin argumentos es el silencio de la ignominia por el que será recordado Iván Duque.

 

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