Por: Daniel Pacheco

El sino de la coca

Parece que el cielo sobre Colombia estuviera sostenido sobre los aviones Air Tractor que han bañado dos millones de hectáreas con glifosato.

Si se suspende el programa de erradicación, como lo ha anunciado el presidente Santos, se va a caer. Colombia se va a inundar de coca, dicen.
 
Como si no lo estuviera ya. Como si alguna vez fuera a dejar de estarlo.
 
El embajador de Estados Unidos escribe que para su país es un “orgullo” bañar de herbicida tóxico a miles de familias campesinas que siembran coca. En su columna en El Tiempo, sin embargo, no da ni un dato para justificar esta afirmación: “Seamos claros: la gran mayoría de la reducción en los cultivos de coca se debe al programa de aspersión aérea”.
 
Pero no es tan claro, embajador, como le han insistido diversos expertos y académicos. De hecho, la relación entre el área de coca cultivada y el área asperjada es complicada, para decir lo menos. Entre 1994 y el 2002, las fumigaciones pasaron de un par de miles de hectáreas a más de 100 mil, y la extensión de coca cultivada se triplicó. Desde el 2007 (cuando Colombia tuvo la mayor cantidad de hectáreas de coca en su historia, 167 mil según las mediciones de EE.UU.) y hasta el 2013 el número de hectáreas fumigadas cayó alrededor de 75%, y con las fumigaciones cayó el área de coca sembrada en una proporción similar. ¿Por qué cuando las fumigaciones subieron hubo más coca, y cuando bajaron, bajó la coca?
 
No hay una respuesta única. Algunos expertos, como Adam Isacson de WOLA en EE.UU., y Daniel Rico, de la Universidad de Maryland, dicen que tiene que ver con el precio del oro. Cuando subió el oro, la guerrilla y las bandas criminales le dijeron prioridad a la minería ilegal, sobre el narcotráfico. Daniel Mejía, de Los Andes, dice que en Colombia nunca ha habido escasez de coca, y ha mostrado cómo la lucha contra el narcotráfico enfocada en el cultivo es más costosa y menos eficiente que atacar los laboratorios y las rutas. 
 
Una persona que conoce bien el tema me dice que el repunte reciente del área cultivada, de casi 40% en el 2014 según las cifras de EE.UU., está más relacionado con las Farc y el proceso de paz de lo que nos gustaría aceptar. Por un lado, la guerrilla ha estado moviendo a la gente en los márgenes de Colombia de la minería ilegal de regreso a la siembra de coca con el argumento de que si se firma la paz recibirán beneficios del Gobierno. Por otro lado, me dicen, los mandos medios de las Farc están engordando sus finanzas con el dinero de la venta de pasta de coca ante una eventual desmovilización y la perspectiva de días inciertos.  Esto es grave.
 
La evidencia tiende a decir que, desafortunadamente, con paz o sin paz, Colombia será un productor de cocaína en tanto haya consumidores en EE.UU., Brasil y Europa. Es decir, para siempre. Estas son las cartas que nos tocaron. No se trata de quedarse de brazos cruzados. El reto del Gobierno es encontrar formas más efectivas y más humanas para luchar contra la violencia y la corrupción que generará el narcotráfico en el futuro, porque estos dos males, a diferencia de la coca, no pueden ser nuestro destino perpetuo.  

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2015-05-11T21:32:49-05:00

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El sino de la coca

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