Por: Lorenzo Madrigal

El sistema desarticulado

TRANSMILENIO LUCE MUY BIEN EN la primera página de un gran diario norteamericano y esta honrosa exaltación que le hace el New York Times obliga al ex alcalde Peñalosa, señor y dueño del proyecto, a explicar sus beneficios y a debatirlos, una vez más, en comparación con el proyecto alternativo del metro.

Debate que se hace ex post facto y no cuando se decidió optar por este sistema articulado, que hoy es una realidad sin retorno, con ventajas (como la de haber sido una realización récord en el término de un período de gobierno) y sinsabores que no se conocen en el exterior.

El ex alcalde defiende su obra con suficiencia y conocimiento del tema, como es apenas lógico, y nos cuenta que ha sido invitado a colaborar con alcaldes del primer mundo, que quieren hacer más humanas sus ciudades. Se infiere, pues, que Bogotá P.P. (Post Peñalosa) es ciudad por excelencia humana y civilizada.

El desastre del relleno fluido para soportar las losas, en permanente reconstrucción, no es la única queja contra el sistema. Habría que “admirar” las rampas descubiertas y los desconcertantes laberintos que son obligados para acceder al bus de fuelle.

El tiempo perdido de dos horas promedio entre casa y trabajo, que había logrado reducirse en media hora, volvió a colmar el lapso anterior, en razón de las dificultades que han desarticulado el sistema.

Se habló tanto de la seguridad y es hoy sinónimo de lo contrario. Que no habría acumulación y hay que ver los apretujones. Y otro asunto con el que no se contaba: el salto de los carros sobre la superficie de las fallidas losas. Brincos antiperistálticos, poco aconsejables después de las comidas.

El sistema de buses articulados, comunes en otras partes, representó para nosotros, de todos modos, un progreso, así se tratara de una solución acelerada, que diera crédito a una administración. Para ello debió tomar calles prestadas y contratar pavimento a la ligera.

De lejos se ven estéticos y parecen civilizados, lo mismo que el Mío azul de Cali, que el día de inauguración mató a un peatón. Veo que se reponen rápidamente los coches o vagones y que hay una buena existencia, pero también su acumulación genera congestión entre ellos mismos.

Hay fallas estructurales, como la estrechez de la vía o canal exclusivo, los terminales sin criterio arquitectónico y el imposible control del cupo. Y la más importante, la frecuente accidentalidad, que ha debido considerarse al pensar en un transporte a nivel, de notable celeridad, que atravesaría la ciudad como una lanceta.

 

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