Por: Diana Castro Benetti

El sol y su desnudez

Crucial que el sol caliente. Como estrella muy cercana, su brillo nos define el día y la noche y su energía es, obvio, la base de la vida tal como la conocemos. Es tan viejo este sol como sus 4.500 millones de años y tan radiante como los otros cinco mil millones que le quedan de existencia. Ni sus nubes de gas ni sus partículas de polvo pueden por ahora opacar sus explosiones de calor. A esta estrella poco le importa si es llamada enana roja o gigante azul. No sabe de eclipses ni de ocultamientos y sólo se permite existir para ser fuego y rey. Cada amanecer, su rayo es la franqueza y su símbolo son hilos de oro y esplendores de luz.

Pero, con todo y su corta historia de un universo en expansión, el sol sigue calentando los pies en el frío de una mañana, cuidando las espaldas cuando se camina hacia el oriente o recuperando la energía cuando se respira un atardecer. En el tarot, el sol es venerado por ser sinónimo de poder y de éxito en culturas de los cinco continentes. Pero, la carta en sí misma está lejos del lujo. Tan lejos, que sólo algunos girasoles acompañan a un niño desnudo y de brazos abiertos sobre un corcel blanco. Reconoce casi sin mirar su camino; no sabe de miedos ni de autoridades y con el pudor que brinda la inocencia, ve su propio cuerpo crece.

El sol en el tarot, es. Su desnudez es tan generosa como su inocencia absoluta. El arcano XIX no entiende de prejuicios ni vislumbra expectativa alguna. No habla de destinos. Es la clara fiabilidad de que el presente existe y de que la conciencia es un hoy luminoso. En el camino del sol hay pocas señales y las sandalias son suaves y a la medida. Lo único que cabe recordar es la alegría durante el día, la franqueza de la noche y la humildad cuando el sol esté en el cenit.

El sol es el buen augurio y un domingo en la cama; es una noche de farra y un amigo alegre; es el abrazo del reencuentro con un amor olvidado y es la felicidad de los hijos. Un sol bien puesto es abrir el corazón a lo incomprensible y aceptar que de amor sí vive el hombre. Más que conciencia, el sol es la intención de conocer lo que llevamos dentro y de ser tan nosotros que no hay lugar para las imitaciones. El sol es ese ardor mañanero cuando el alma amanece desnuda y fría.

otro.itinerario@gmail.com

 

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