Por: Iván Mejía Álvarez

El sorteo

Esto es como una obra de teatro con varios actos. En la bellísima Cartagena se montó la primera escena y esta fue equilibrada, con buen gusto y detalles que dejan la sensación que el compromiso se puede sacar adelante con una buena calificación.

El sorteo superó las expectativas y un delegado de la Fifa reconoció que en el historial de los Sub-20 no se había montado una ceremonia tan sobria y a la vez tan colorida. Los ojos del mundo empezaron a conocer el país del olor a guayaba en el mejor sitio, en  esa Cartagena de Indias, donde las calles tienen historia

Una cosa es la ceremonia y otra el resultado del sorteo. Más allá del curioso episodio del delegado de la Fifa que trastocó los papeles y confundió a Guatemala con un país integrante de la Conmebol, lo que manipuló el sorteo pues a Colombia le tocó en lista Malí y no Guatemala como debió ser. A la hora de la verdad, el grupo es incierto como lo son casi todos los rivales en esta categoría.

De Malí no hay noticias. En cambio, se sabe que el fútbol africano en estas categorías es imponente y que los físicos de esos “muchachos” denotan edades bien curiosas, papeles de identificación inexistentes y la siempre latente duda de la veracidad de los años anunciados. En lo otro, como todos los equipos africanos es mejor prepararse para ver un equipo que corre y juega bien al fútbol.

De Corea, en cambio, tampoco hay noticias más allá de la tradición de un fútbol que clasifica a mundiales de mayores y en categorías inferiores con absoluta solvencia. Los coreanos son reyes en Asia y merecen respeto.

Francia es más conocida, es posible encontrar historia reciente, evoluciona y busca una generación que reemplace los últimos reyes del fútbol galo. No será fácil el grupo, obliga a jugar y hacer las cosas bien.

Y allí, en hacer las cosas bien, es donde se generan las primeras dudas. A Lara se le nota arrogante y desafiante como si no hubieran sido un fracaso absoluto las últimas salidas de las inferiores colombianas. El tal “soporte sicológico” del que habló Luis Bedoya cuando asumió el compromiso de defender lo indefendible, el fracaso en el Suramericano, no se ve, no se nota, no se siente.

Mantengo todas las reservas sobre esta selección y su cuerpo técnico. Y no acepto ese mensaje que nos venden los directivos de apoyar porque sí, porque el equipo es local, porque hay que crear confianza. No hago parte de la “central lechera”.

Lara, a ver si nos cuenta cómo va a conseguir que la gente crea en este equipo y a ver si entiende que no pasar la primera ronda no es “su fracaso”, es el fracaso absoluto del torneo.

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