Por: Esteban Carlos Mejía

El subcandidato invisible

Así como hay campeones y subcampeones, hay candidatos y subcandidatos.

Clara López es candidata. Juan Manuel Santos es presidente y candidato. Óscar Iván Zuluaga, Oscariván, es subcandidato, una marioneta, un muñeco de ventrílocuo. Pero con su discurso anticolombiano, neoliberal y ultraderechista, Oscariván va en coche o, mejor, en el destartalado camioncito de estacas del Uribe Centro Democrático, que no es de centro ni es democrático. Será un subcandidato aventajado. Ya verán. Uribe hará todo: echará discursos, escupirá por Twitter, insultará, gritará, amenazará, se sonreirá con su sonrisa meliflua de San Antoñito paisa, embaucará, repartirá gaseosas, dará refrigerios (a falta de mermelada) y con su rencor y ansias de venganza volverá a emponzoñar la campaña electoral. Oscariván se limitará a poner la cara, a asentir con servilismo a cada uno de los exabruptos del titiritero y a repetir, como lora mojada, lo que le diga que tiene que repetir. (Hay antecedentes: en la última campaña para la Gobernación de Antioquia, un candidato (uribista) no abría la boca sin antes esperar a que su papá (sic), un antiguo semigamonal liberal, le dijera, vía Blackberry, lo que debía decir). Oscariván ejecutará al pie de la letra su deshonrosa tarea de fantoche. Un subcandidato invisible, pero sobresaliente.

En realidad, a Uribe sólo le interesa su candidatura al Senado e instalarse allí con una corte de chupamedias y cagalaollas para dividir y reinar. El resto lo tiene sin cuidado. ¿Santos aventaja o dobletea a Oscariván en las encuestas? ¿Oscariván, con su carisma de semáforo en rojo, no seduce (políticamente) ni a su esposa? ¿Oscariván no funciona? ¿Sus debilidades opacan sus hipotéticas fortalezas: la sumisión, la obediencia, la resignación? Ningún problema: se cambia, y punto: para eso están Peñalosa u otro comodín cualquiera.

Ahora bien, ¿y si gana el subcandidato? Dudoso. Todo el poder del Estado, con o sin Ley de Garantías, terminará por inclinar la balanza a favor del presidente candidato. Gravísimo riesgo, la hecatombe, esa sí. Otras veces he dicho: Santos es pésimo, pero Uribe es peor. Ahora hago un retruécano: Uribe es pésimo, pero Santos es peor. Y advierto: ¡Santos y Uribe son pésimos, pero votar por ellos es peor!

Rabito de paja: “Porque existe el odio político y es un mal que hay que combatir. Pero existe también y, angustiosamente, la miseria nacional y hay que combatirla con no menor denuedo y no menor tenacidad; porque existe un problema social gravísimo, que no puede combatírselo ni negándolo ni apelando a la fuerza ciega, sino apelando tan sólo a la justicia, al reconocimiento de los derechos proletarios, a la realización de una democracia económica que no sea inferior a la democracia política”. Meditación ante las ruinas, Eduardo Santos, mayo de 1948, hace ya 65 años.

Rabillo: pobre hombre: después de lo que le hicieron en la convención “amarrada” y todavía sigue creyendo que el capataz Uribe es “un gigante”. ¿Pachito es bobo o se hace?

Rabico: ministro Lizarralde: caradura, embustero y abusón. Promueve un modelo agrario anticampesino y antinacional, chuza a Robledo, esconde la mano y sigue campante. ¡Al mejor estilo de Santos!

 

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