Por: Cristina de la Torre

El sur, contrapoder global

TERAPIA DE REANIMACIÓN PARECIÓ aplicarle Obama al moribundo G8.

Pero de pronóstico reservado, advierte, si las potencias industriales no acogen a nuevos miembros que han ganado protagonismo en la economía del mundo y amenazan convertirse en verdadero contrapoder global. Con el compromiso suscrito en L’Aquila en favor del ambiente y la creación de un fondo de asistencia agrícola a países pobres, EE.UU. recupera prestigio entre los grandes. Y, al declarar que sin las potencias emergentes no podrán encararse los desafíos globales, Obama se anticipa a amortiguar por cooptación la rebelión del sur que se agita en el mar de fondo de la crisis.

Los nuevos gigantes agrupados en el BRIC (Brasil, Rusia, India y China) debutaron como bloque el 16 de junio y encendieron las alarmas, pues lo que reclaman es mucho: derecho (discutible) a culminar su industrialización sin la talanquera ambientalista que los países ricos siguen burlando; reformulación del sistema financiero internacional y del comercio mundial; y, ni más ni menos, desbancar al dólar como divisa de reserva mundial. La tormenta se avecina a la vista de la Ronda de Doha de septiembre, escenario de batallas campales por liquidar la ley del embudo comercial que favorece de oficio a los grandes en perjuicio de todos los demás. Tras ocho años de fracasos para suscribir un acuerdo comercial multilateral, el último revés, estrepitoso, corrió hace un año por cuenta de India y China, países que se negaron a desmontar la protección de su agricultura, como EE.UU. lo exigía, sin que éste sacrificara, claro, los mecanismos que protegen la suya propia. En la crudeza de un librecambismo que agoniza, la cuarta parte de la humanidad enfrenta inerme la volatilidad de los precios y las crisis económicas que el Primer Mundo provoca. Como medios para alcanzar “un orden global más justo”, el BRIC aboga también por diversificar el sistema de divisas mundial, crear una moneda supranacional y meter en cintura a la banca multilateral. Ya China y Brasil decidieron que su comercio no pasara por el dólar sino por sus monedas nacionales.

Se reconfigura, pues, el sistema internacional. Los países del BRIC representan la mitad de la población mundial, la cuarta parte de su producto bruto y más del 40% del área de la Tierra. Se calcula que en 20 años habrán sobrepasado a los países del G8, y China, a los EE.UU. Y es que estos países gozan de condiciones ideales: abundan en ellos recursos naturales y materias primas; crece sin cesar su contingente de trabajadores jóvenes y de consumidores; y cultivan una economía de mercado dirigida con perspicacia por el Estado. Su poder de arrastre e influencia regional contribuye también a la alteración del eje Estados Unidos-Europa-Japón.

Con razón invita Lula a buscar “respuestas nuevas a viejos problemas, y nuevos liderazgos”. Según él, la crisis económica deja expósita la impotencia de los paradigmas que la provocaron. Para evitar nuevas crisis, dice, los países ricos tendrán que aceptar un control supranacional del sistema financiero internacional y desmontar el proteccionismo sobre sus productos agrícolas.

Para sorpresa de todos, defiende Obama la autosuficiencia alimentaria del África e insta a pasar del asistencialismo agrícola a una cooperación cifrada en la inversión. Tal vez la cuerda no le alcance para revertir la tendencia de la historia: si la hegemonía fue de Inglaterra en el siglo XIX y de Estados Unidos en el XX, en el XXI lo será de China. Y la hegemonía de la China quedará consagrada una vez que su moneda prevalezca sobre el dólar.

 

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