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El tatequieto al secreto

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Muchos criminales han perdido la inmunidad que da el anonimato gracias al valor de los periodistas, quienes al investigar e informar los han puesto en el radar de la ciudadanía y de las autoridades.

En el caso de Pablo Escobar, por ejemplo, fue gracias al valor personal de don Guillermo Cano y el institucional del periódico El Espectador que lo desenmascararon. Ese fue el principio del fin de ese macabro asesino, amigo íntimo de poderosos políticos —unos ya fallecidos y otros no—, quien no solo tenía la obstinación de ser el más grande capo del narcotráfico mundial, sino también la de ser presidente de Colombia.

Muchos otros delincuentes y escándalos han podido pasar de la oscuridad a la luz pública gracias al papel protagónico de la prensa. El de Dragacol, con Reginaldo Bray; Ruta del Sol 2, con Marcelo Odebrecht y Luis Carlos Sarmiento; Grupo Grancolombiano, con Jaime Michelsen; cartel de la contratación, con Samuel Moreno; Agro Ingreso Seguro, con Andrés Felipe Arias, e Invercolsa, con Fernando Londoño Hoyos, son tan solo unos ejemplos de ello. Bueno, y ni que hablar del papel que desempeñó la prensa al respaldar la lucha de la justicia contra la narcopolítica y la parapolítica.

Incluso, debo dar fe del decidido apoyo de los medios de comunicación en la lucha que, hace unos años, dio el Estado contra los carteles empresariales (pañales, papel higiénico, cemento, cuadernos, seguridad privada, entre otros), casos que se hicieron bastante visibles y aleccionadores gracias al acompañamiento permanente que la prensa hizo de ellos y que dejaron al descubierto las prácticas empresariales que en contra de los colombianos más pobres se venían ejecutando, encumbrando a empresarios con mucho billete y poder, pero con pocos escrúpulos.

Cito todos esos casos porque, en hora buena, la Corte Constitucional ha salido en defensa de la libertad de prensa y del derecho que tenemos los colombianos a ser informados oportunamente. La Corte les ha puesto fundado tatequieto a jueces y abogados que venían haciendo de las suyas para manejar y adelantar en forma reservada (privada) algunas audiencias públicas de carácter judicial, fundamentalmente en casos de corrupción, evitando que la prensa asistiera a ellas para cumplir con su trabajo, que no es otro que el de tenernos enterados de aquellos casos que suscitan un interés colectivo, como los de corrupción.

Con esta decisión, la Corte ratifica que la regla general son las audiencias públicas con acceso a ellas por parte de la prensa y privilegia el derecho que tienen los periodistas de informar sobre lo que ocurre en las diligencias judiciales. La Corte no cae en la trampa de privilegiar a los bandidos y su pretensión de ser juzgados en secreto y sin fiscalización social para sus procesos y escándalos.

La información que dan los medios de comunicación permite, además, generar conciencia colectiva, esa que tanta falta hace en este país y que resulta necesaria para vencer a los corruptos y a todo el tinglado que tienen montado para buscar vivir en un mundo en donde reine la impunidad.

Bien por la Corte. ¡Que viva la libertad de prensa y el tatequieto al secreto!

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