En vivo: La justicia transicional a dos años del Acuerdo con las Farc

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Por: Juan Pablo Ruiz Soto

El taxista camino a la muerte

Rafael Ernesto Cuadros Rojas, quien lleva diez años conduciendo taxi en Bogotá, no fuma, pero una radiografía reciente muestra sus pulmones como los de un asiduo fumador. En el 2015, en Bogotá, según estudios del Departamento Nacional de Planeación, el 10,5 % del total de muertes que se presentaron en la ciudad se atribuyeron a la contaminación del aire. Y los costos asociados equivalen al 2,5 % del PIB de la ciudad. En Medellín, la situación es aún peor: la contaminación genera el 12,3 % de las muertes y tiene un costo equivalente al 5 % del PIB.

El problema no es sólo local. Según un informe del Banco Mundial (2016) titulado "El costo de la contaminación atmosférica: Refuerzo de los argumentos económicos en favor de la acción", en el 2013 la contaminación del aire fue el cuarto factor de riesgo de muerte más importante en el mundo, con mayor incidencia en los países pobres, asociando el 10 % del total de muertes en el mundo a la mala calidad del aire. La muerte es la manifestación terminal de enfermedades respiratorias que se convierten en problemas de salud que afectan la calidad de vida y la capacidad productiva de las personas a lo largo de sus vidas.

En el último año las alarmas naranjas por la mala calidad del aire en Bogotá y Medellín han sido frecuentes. El pasado viernes 23 de marzo había alarma en las dos ciudades. El fenómeno será cada vez más frecuente y sus impactos negativos se multiplicarán de manera geométrica si no tomamos medidas.

Hay legislación que, si se aplicara, ayudaría a disminuir los niveles de contaminación. Todos los días observamos buses —muchos del SITP y bastantes de Transmilenio—, autos particulares, camiones y motos emitiendo muy por encima de la norma. ¡Todos respiramos ese humo, algo tenemos que hacer!

Los taxistas, a quienes su oficio los obliga a pasar hasta 12 horas diarias con la nariz unos pocos centímetros por arriba de los exostos de los vehículos, deberían organizarse y presionar por su derecho fundamental a la vida sana. Hoy pierden cerca de cinco años de vida y muchos días de trabajo por el aire contaminado que respiran al trabajar.

Dado el nivel de organización y sus sistemas de comunicación, los taxistas son la esperanza urbana para defender la vida, bloqueando los móviles contaminantes y presionando a las autoridades para que actúen. Con una semana de protestas y acciones eficientes de las autoridades, las cosas mejorarían. Los vehículos que no cumplan la norma deben quedar inmovilizados. Los ciudadanos deberíamos apoyar este tipo de acciones, pues a todos nos está enfermando la contaminación del aire.

Desde luego, esto no será suficiente. Debemos reemplazar progresivamente los buses diésel por gas y motores eléctricos. El bus diésel es el más barato para el empresario de Transmilenio, pero el más caro para la sociedad. ¡Hagamos bien las cuentas! Por el derecho fundamental a la vida, desde la licitación que está en revisión para reemplazar buses de Transmilenio se deben suspender los diésel. ¡No más contaminación programada! Muchas ciudades del mundo están erradicando el diésel del transporte público.

Se debe prohibir el ingreso de motocicletas nuevas que no sean eléctricas. Esta es la fuente per cápita de mayor contaminación. Muchos gobiernos y fabricantes están comprometidos con eliminar la oferta de autos de combustión fósil a mediano plazo. Presionemos y generemos desde la sociedad una mejor calidad de aire; es cuestión de vida y de muerte.

 

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