Por: Luis Carlos Reyes

El terror contra la restitución de tierras

¿Quién se beneficia? Cuando las políticas de Estado parecen irracionales o arbitrarias, el camino fácil es criticarlas por absurdas. Pero preguntarse quién se beneficia da luces sobre dos políticas que a primera vista no tienen asidero racional: el regreso de los incentivos militares para generar falsos positivos y la insistencia en asperjar con glifosato los cultivos de coca.

Dar incentivos militares para aumentar el conteo de bajas puede parecer un sinsentido: ¿qué se gana con inflar resultados militares con la muerte de inocentes? ¿Será sólo estupidez o sed de sangre –así sea sangre inocente– por parte de los responsables? Si bien algo de eso puede ser cierto, la verdad es que a ningún estratega serio le interesarían los falsos positivos si su meta es dar de baja criminales. Lo único que se logra es generar temor en la población civil y especialmente en la población rural más vulnerable a estos supuestos errores tácticos.

A quien sí le interesan los falsos positivos es a las fuerzas cuyo objetivo es precisamente generar terror en el campo. ¿Y quién se beneficia del terror en el campo? Se benefician los dueños de las tierras robadas que han intentado sabotear el proceso de paz desde su inicio, que lo sabotean porque saben que la tierra es el origen del conflicto colombiano, porque la paz con equidad de tierras conlleva pérdidas intolerables para ellos. Fomentar el terror en el campo es una excelente herramienta para mantener a raya a los desterrados, para que estén agradecidos por sobrevivir y se les pasen las ganas de buscar justicia.

En cuanto a la aspersión de cultivos ilícitos, no hay evidencia científica de que sea una manera efectiva de reducir el cultivo de coca. Como estrategia antidrogas es otro sinsentido táctico. La recomendación unánime de quienes han estudiado el tema desde un punto de vista técnico y econométricamente riguroso es que la lucha contra la drogadicción y el narcotráfico se debe enfocar en otras estrategias. Existe, además, cada vez más evidencia científica que indica que la aspersión con glifosato es dañina para la salud de los campesinos.

¿Será que los estrategas actuales de la “lucha contra las drogas” no tienen acceso a los mismos estudios científicos que el resto del público? Por supuesto que sí lo tienen. Toca preguntarse, entonces, a quién beneficia la insistencia en una política cuyo principal efecto es generar terror en el campesinado pobre que cultiva coca, y la respuesta es la misma que en el caso de los falsos positivos: la aspersión de cultivos ilícitos beneficia a quienes desean una política de terror estatal en el campo. Mientras haya terror no van a tener que discutir la restitución de tierras robadas ni hacer una reforma agraria.

Tierras, tierras, tierras: los ladrones de tierras son los principales beneficiarios del terror rural. Cuando en las ciudades debatimos si el buzo de la selección Colombia que aparece en el video de Santrich data de antes o después de la firma del Acuerdo de La Habana, estamos haciendo exactamente lo que los ladrones de tierras quieren que hagamos: olvidarnos del único tema que nos llevó a la guerra y sin cuya solución es difícil imaginar una paz justa y duradera –la devolución de tierras robadas y la reforma agraria–. El punto neurálgico del conflicto son las tierras, y los oponentes de la paz no están en contra de la JEP o a favor del plomo, el glifosato y la extradición: están en contra de la devolución de tierras robadas y la reforma agraria. Es hora de que los amigos de la paz ignoremos las distracciones que ellos nos presentan y los pongamos a hablar de tierras y nada más que tierras.

* Ph.D., profesor del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana.

Twitter: @luiscrh

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