Por: Juan David Correa Ulloa

El tesoro de la juventud

Quizás, para las generaciones nacidas después de la década del 70, el nombre de esta columna no diga nada. Pero para quienes nacieron antes, es una enciclopedia publicada en España en 1920 por Walter Jackson y distribuida en América Latina, 20 tomos hoy reemplazados por el imperio todopoderoso de Google.

El tesoro de la juventud es hoy sólo un buen recuerdo. Como lo es, en efecto, la juventud para muchos. Como lo es para Máximo Steiger, el protagonista de una admirable novela escrita por el uruguayo Pablo Casacuberta que acaba de editarse en Colombia por la editorial independiente Aurora.

Casacuberta fue elegido entre el grupo de Bogotá 39 pero, como en la mayoría de los casos, después del ruido y los platillos, no supimos nada más de él. Ni siquiera este tipo de encuentros ha servido para que en América Latina circulen los libros de escritores de la región sin que antes hayan recibido la bendición de la Madre Patria. Por fortuna, digo, Aquí y ahora, su novela, ha podido colarse entre nosotros para demostrar cómo sí hay escritores de talento, con búsquedas personales, que están llamados a ganarse un pequeño rincón en la literatura en español.

La novela está escrita con morosidad: hay una intención de estilo que se corresponde con su protagonista y no bien avanzamos en su lectura, nos damos cuenta de que aquello que en principio parece demasiado elevado para los 17 años de Máximo Steiger, hace parte de una educación de otra época en la que, a esa edad, ya era posible conocer el mundo así fuera en las páginas de El tesoro de la juventud, o en las de las revistas como Conocimiento y Aquí y ahora, que lee el joven Máximo.

Él vive con su madre y su hermano de nueve años. Su padre, según su madre, los ha abandonado. Así que, con esa tristeza de no saber por qué, de sentirse huérfano entre un niño y una mujer adulta y un tío que a veces los visita y a quien odia, decide buscar un trabajo. Se deja crecer la barba y está convencido de que pronto, por alguna razón, su vida cambiará.

Casacuberta logra una novela de clima familiar, próxima, que se ocupa del conflicto que supone crecer, a través de una voz verosímil. Asistimos a la pérdida de la juventud de un héroe cuyos sueños y secretos se esconden detrás de los recuerdos de unas vacaciones, o de una navaja de afeitar que le legó su padre. Asistimos a una manera de enfrentarse y aferrarse a un mundo que va a desaparecer. Y comprendemos que crecer duele: que después de todo, crecer es ser como un árbol que se estira, que busca luz, que se hunde en el suelo hasta encontrar agua, como dice Máximo al final de la novela.

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