Por: Felipe Zuleta Lleras

El testigo presionado

EL PAÍS NECESITA QUE LA JUSTI- cia castigue a los asesinos del doctor Álvaro Gómez Hurtado, un ciudadano ejemplar y demócrata. Esa investigación, claro está, debe ser transparente y de cara a la opinión pública.

Precisamente por eso es que me ha sorprendido enterarme, en virtud de varios derechos de opinión ejercidos ante la Fiscalía General de la Nación, de un gravísimo incidente entre el doctor Enrique Gómez Martínez, abogado de la familia Gómez, y el ciudadano Carlos Alberto Lugo Álvarez, procesado por los presuntos delitos de obtención de documento público falso y fraude procesal, caso que cursaba ante la Fiscalía 69 delegada ante los jueces del circuito, según denuncia presentada por Gómez.

El indiciado fue puesto a disposición de la Fiscalía el 1 de mayo de 2010. Ese día la fiscal explicaba al detenido las razones de su captura y allí se encontraba el Dr. Gómez, quien pidió hablar con el capturado. Con la anuencia de Álvarez se accedió a dicha solicitud. Dice la fiscal, explicándole a la doctora Stella Sánchez, fiscal delegada ante el tribunal, en su escrito:

“…el Dr. Enrique Gómez M. no dio el trato adecuado al señor Álvarez, lo trató de mentiroso, embustero y más términos ofensivos, llegando al punto de presionarlo diciéndole que si él no colaboraba declarando dentro de la investigación que se adelanta por el homicidio de Álvaro Gómez la Fiscalía lo metería preso por fraude procesal y que él se encargaría de que no fueran menos de 10 años de prisión. La fiscal intervino y le manifestó a Gómez que se abstuviera de usar a la Fiscalía para amedrentar al testigo y presionarlo”. Relata la fiscal que Gómez le dijo al testigo “que él tenía que decir que él sabía que quien había ordenado el homicidio era Ernesto Samper” y ahí la discusión se puso muy tensa, informa la fiscal a su superior.

La fiscal, para proteger al testigo, le pidió al abogado Gómez que saliera del despacho, lo que hizo a regañadientes. “…dirigiéndose a mí me dijo que si no sabía quién era él, que lo sabría, que no podía sacarlo de ahí, que era la única oportunidad que él tenía de aclarar el magnicidio, que yo estaba interponiéndome a la justicia”.

La Fiscal le informó al testigo que “los dos procesos eran diferentes y que el uno no dependía del otro y que si quería colaborar con el proceso del magnicidio se llamaría al fiscal que conoce del caso”. Continúa así el relato de la fiscal: “En cuanto al señor Álvarez, él dijo que no sabía nada de la participación de Ernesto Samper, eso se lo dijo al doctor Gómez”.

Pues bien, por este incidente la Fiscalía ha pedido mediante oficio 02123 de febrero 7 de 2011 al Consejo de la Judicatura que, si es el caso, investigue disciplinariamente al Dr. Gómez.

Es claro que en el afán del doctor Gómez de conocer la verdad, hay un episodio que resulta, por decir lo menos, lamentable. ¿Será que con esta clase de situaciones algún día sabremos la verdad del magnicidio de Álvaro Gómez?

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