Por: Manuel Drezner

El tiempo perdido y recobrado

Al igual que para quienes amamos el Ulises de James Joyce la fecha del 16 de junio de 1904, día en que se desarrolla la obra, tiene casi características sagradas, o para quienes hemos adorado el Quijote el año de 1605, que es el de la publicación de su primera parte, es básico, quizá hay que agregar el de 1913 a los años que hay que celebrar.

En efecto, fue en ese cuando se publicó Por los caminos de Swann, el primero de los tomos de esa obra inmensa que es En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. En estos días, en los círculos literarios del mundo se conmemora esta efeméride, que permitió al mundo conocer una de las creaciones básicas de la mente humana, un libro que es una de las cimas de la literatura mundial y cuya influencia sigue apareciendo en prácticamente todo lo importante que se escribe.

En busca del tiempo perdido no es una narración de acontecimientos, sino de impresiones que los recuerdos del escritor han dejado en su memoria y eso explica el título. Proust mostró como la realidad podía percibirse en forma diferente según cada circunstancia. En su obra el autor no sólo presentó profundos análisis psicológicos de todos sus personajes, sino que también supo retratar toda una sociedad y las relaciones que tienen entre sí los miembros de ella. En su primer volumen, el ya mencionado Por los caminos de Swann, el comer una simple magdalena inicia toda una serie de episodios casi oníricos, que se van desarrollando en los demás volúmenes de esa inmensa creación literaria hasta llegar a un final atormentado que despierta en el lector sensaciones únicas en toda la historia de la literatura.

Aunque la novela se va desarrollando con aparente facilidad, esta sensación es engañosa como lo testimonian los manuscritos llenos de correcciones que hacen pensar que Proust no escribió su obra una sino muchas veces. No hay escritor moderno importante que no haya sido influenciado por En busca del tiempo perdido, o sea que es una novela que no es sólo importante por su excelencia, sino porque además la literatura moderna no se podría concebir sin ella. El centenario de la primera publicación de esa importante obra maestra será conmemorado en el mundo (creo que hasta en Colombia se preparan actos para recordarla) y esta nota es una modesta contribución a recobrar, al igual que Proust, un gran momento de la mente humana.

 

 

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