Por: Mario Fernando Prado

El TLC y Buenaventura

Vaya paradoja: mientras que por un lado se aprueba el TLC con EE.UU., por el otro se agrava aún más la situación del puerto de Buenaventura. Ni para qué ahondar más en la importancia del que es considerado el eje portuario de las exportaciones colombianas. Ríos de tinta y de saliva se han consumido ponderando al triste y bello puerto del mar.

Por ello, cuando se nos vino encima el TLC es paradójico —repito— el estado en que está postrada Buenaventura. La carretera, por ejemplo, no sólo avanza a paso de tortuga, sino que hay varios tramos de su ampliación que están parados, entre otras cosas porque no se han podido adquirir algunos predios.

Además, la llamada solución del dragado para profundizar el canal de acceso parece tener unos vicios jurídicos por cuanto el Gobierno delegó en unos particulares la realización de la obra para no tener que desembolsar el dinero que le correspondería haber puesto.

Y por último, la situación social y de seguridad bonaverense es cada vez peor y más caótica. Crímenes y mas crímenes todos los días, guerras fratricidas entre bandas de narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo y corrupción. A lo anterior hay que sumarle que el tren está parado, que el aeropuerto es para aviones pequeños y, lo más grave ahora, la avalancha que obstruyó la carretera y que lo seguirá haciendo, amén de las docenas de familias que hay que reubicar.

La mal llamada fiebre del oro que despelotó al río Dagua, al que le metieron más de 170 retroexcavadoras, patarribió el equilibrio ecológico del sector, y he ahí los resultados.

Frente a esto último se advirtió hasta la saciedad de lo que podría ocurrir pero —como todo— la solución llegó tardíamente.

El TLC, en lo que respecta a Buenaventura, nos cogió con los calzones abajo y con el agua lejos.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mario Fernando Prado

Una ministra excepcional

El Hotel Estación, abandonado

El Cauca no puede solo

Alta Consejería para el Pacífico

La caucanización del Valle