Por: Óscar Alarcón
Macrolingotes

El tocayo que va de la Casa de Nari al Vaticano

La embajada en el Vaticano ha tenido un sino trágico con nuestro país. El presidente José Vicente Concha fue nombrado en esa sede diplomática y allá falleció. Igual sucedió con el también presidente Enrique Olaya Herrera. Pero años después sucedió lo contrario: en 1937 designaron embajador al maestro Darío Echandía y quien murió fue el papa Pío XI. La historia volvió a repetirse en el 2017 cuando, luego de haber sido uno de los que contribuyó a la visita del papa Francisco a Colombia, falleció en Roma el embajador Guillermo León Escobar.

Está próximo a asumir como nuevo diplomático allí Jorge Mario Eastman, un joven inteligente, quien goza de buena salud, afortunadamente, lo cual hace suponer que tendrá mejor suerte que varios de sus antecesores. Hijo del exministro de su mismo nombre, Llega a la Ciudad Eterna luego de haberse desempeñado, durante los primeros meses de este Gobierno, como secretario general de la Presidencia, en la Casa de Nari. Además, acompañó a Duque en su primera visita al Vaticano y, viendo lo que venía, saludó al santo padre diciéndole “tocayo”; pero la confiancita no cayó bien y le tocó pedir disculpas.

A propósito de su nombre y el del pontífice, un libro de reciente aparición (Sodoma: poder y escándalo en el Vaticano), de Frédéric Martel —en donde no queda títere con cabeza—, cuenta que en los años 60 un gran amigo de Bergoglio fue Jorge González Manent. Eran inseparables, tanto que invitaron a Borges a tomarse una foto con ellos. En 1969, cogieron caminos diferentes, González dejó la Compañía de Jesús y Bergoglio siguió su formación religiosa. El primero escribió un libro sobre esa amistad y extrañamente fue retirado de las librerías. Nadie da razón de la obra, como tampoco de la fotografía que en su tiempo se conoció como la de “los tres Jorges”.

La desaparición de la foto se enmendará cuando Eastman llegue a Roma, presente sus credenciales y se tome una con el pontífice; pero no se llamará la de “los tres Jorges”, sino “los tocayos”.

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