Por: Antonio Casale

‘El Tren’

“Le voy a cortar la cabeza al negro”, con esas palabras que contienen un clarísmo contenido racista, Jesús Gil y Gil (q.e.p.d.), por entonces alcalde de Marbella y dueño del Atlético de Madrid, la emprendió contra uno de los más importantes jugadores colombianos, pero la historia inmortalizó por bueno, y no por malo, al sujeto al cual hacía referencia el poco honorable Gil, y como si fuera poco, otra vez Gil.

Se trata de otro a quien se le debe una despedida digna de un jugador que fue goleador de la poderosa Bundesliga alemana, cuando prestaba sus servicios para el Bayern, confirmando a Adolfo El Tren Valencia como uno de los futbolistas colombianos a quien mejor le ha ido en Europa, pues además fue campeón en la temporada 93-94, militando en uno de los cinco clubes más grandes del mundo, el rojo de Munich. Tal vez este honor sólo pueda ser compartido hasta ahora por Iván Ramiro Córdoba, múltiple campeón con el Inter. El bonaverense dejó rápidamente la disciplina germana porque  hablaba con goles,  en cambio a él le hablaban en alemán. No se pudo adaptar nunca.

El Tren nunca se dejó cortar la cabeza. Por el contrario, sus más de 175 goles como profesional, dentro de los cuales se destacan muchos que convirtió con Santa Fe, la selección, Medellín, América y  Bayern, dan cuenta de un goleador que sabía moverse con y sin la pelota. Adolfo, una vez fuera surtido de vapor, echaba a andar el expreso con potencia y velocidad, características que en el fútbol de hoy  son muy difíciles de conjugar.

En el corazón de los colombianos siempre estarán sus dos goles contra Argentina, en la ida y en la vuelta, durante las eliminatorias a E.U. 94, y en el alma de los fieles santafereños, el recuerdo de uno de los goleadores que se metieron en su alma gracias al temple, la dedicación, la entrega y el talento del mismo Tren a quien nunca le dieron la despedida que se merecía.

Como en las buenas zagas cinematográficas, El Tren está de vuelta, esta vez  el protagonista, esperamos, será su hijo, quien hace sus primeros pinitos, por ahora en el Juventud Soacha. Ojalá su sangre sea portadora de ese don que Dios le dio a su padre, el inolvidable Valencia.

 

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