Por: Patricia Lara Salive

El tribunal de la esperanza

“Nuestro desafío es reponer la confianza del país”, dijo la presidenta del Tribunal Especial para la Paz, Patricia Linares, abogada que trabajó como investigadora del Centro Nacional de Memoria Histórica y que ahora acaba de ser escogida como miembro de ese tribunal de 51 magistrados que juzgarán desde los timochenkos y rito alejos, hasta los civiles que participaron en los horrores del conflicto.

En efecto, la podredumbre de la justicia ha llevado a que el país no crea en esa institución, no obstante el hecho positivo de que ya están cayendo tras las rejas hasta los presidentes de la Corte Suprema. Por eso, restablecer la confianza en el país es prioridad.

Y ahora hay motivos de esperanza: la forma como se escogió la JEP y los magistrados que la componen permiten creer que el tribunal actuará con equilibrio y agilidad y, poco a poco, restaurará la confianza.

El optimismo se fundamenta en que, de una lista de más de 2.500 candidatos, el Comité de Escogencia, conformado por cinco expertos, evaluó, con base en un modelo matemático, las hojas de vida y seleccionó un tribunal que tiene las siguientes características: 1. No tendrá una estructura patriarcal —asunto clave, especialmente si se trata de juzgar crímenes de guerra, cometidos en su mayoría por hombres—: más del 53 % de los miembros de la JEP son mujeres. Ese sólo hecho marca una diferencia con las demás instituciones. 2. No será una justicia centralista, pues el 61 % de los magistrados proceden de las regiones. 3. No será excluyente, porque en él están las minorías étnicas: 10 % son indígenas y 10 % son afrodescendientes. 4. No será endogámico, pues sus miembros proceden de distintas disciplinas: hay seis exdefensores de derechos humanos, dos exjueces penales militares, seis académicos, cuatro exjueces, seis extrabajadores de políticas públicas, tres de cortes internacionales de derechos humanos, cuatro de la Fiscalía, cuatro del Ministerio Público y tres litigantes. 5. Será pluralista. 6. No será una justicia guiada por intereses particulares, porque nadie le debe su elección a algún poderoso.

De modo que, lo más probable, es que esa JEP, que tantos quisieron impedir que naciera, se convierta en la esperanza que le haga creer al país que sí es posible que haya justicia.

Sólo falta que el Congreso y la Corte Constitucional discutan y aprueben pronto la ley estatutaria que permitirá que la JEP funcione.

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En un país donde hay tantos lagartos que se convierten en candidatos presidenciales, hace bien encontrarse con la claridad del presidente del BID, quien, en entrevista con Ricardo Ávila, fue contundente en que no va a aspirar a la Presidencia porque a él lo “eligieron 48 países para ser presidente del BID hasta el 2020” y va “a cumplir ese compromiso”. Y ante la pregunta de por qué muchos no le creen, respondió: “Porque a veces hay gente que piensa que no quiere decir tal vez. En mi caso, no es no. Hay dos docenas y media de precandidatos y candidatos. No se necesita uno más”. Y sobre si no le tienta la idea de serlo, dijo: “Claro que (…) estar en el sonajero sirve para el ego. Pero hay que ser humilde (…) Uno no puede improvisar una candidatura”. Y ante la pregunta de qué va a hacer, dijo: “Seguir aquí (e) insistir en que necesitamos dejar de mirarnos al ombligo y entender las realidades globales. Y, sobre todo, contribuir a encontrar el consenso en el disenso. Los colombianos debemos ser capaces de aprender a ponernos de acuerdo en cuestiones que van más allá de la política del momento y que tienen que ver con el futuro del país”.

¡Buena esa, Luis Alberto Moreno!

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

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