Construir democracia

El triunfo de Andrés Orozco en Viena: la “Novena sinfonía”

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Hoy, como ayer, el espíritu beethoveniano nos convoca a fortalecer profundamente nuestra conciencia libertaria y a construir una nueva ética pública.

Después de triunfar en la dirección de conciertos en centros mundiales de prestigio y de haber sido electo director de la Orquesta Sinfónica de Viena, a partir del 2020, hemos tenido –la semana pasada– la oportunidad, gracias a Cineco, de apreciar en diferido la calidad artística de Andrés Orozco Estrada en la dirección de la obra cumbre del genio de Bonn: la Novena sinfonía. El evento tuvo lugar en la Konzerthaus de Viena, con motivo del Concierto de Año Nuevo de 2019.

Al terminar la orientadora, incisiva y breve entrevista sobre la obra, nos adentramos en cada uno de los movimientos para culminar en la Oda a la alegría, magistralmente interpretada por el fresco y espléndido cuarteto integrado por Regula Mühlemann (soprano), Dorottya Láng (mezzosoprano), Steve Davislim (tenor) y Florian Boesch (bajo-barítono), y la dirección del coro, a cargo de Heinz Ferlesch.

La observación cuidadosa de la labor del maestro Orozco nos indica la dedicación, disciplina y calidad humana que posee este colombiano ejemplar. Ahora, en plena madurez, ha producido –para el mundo– una interpretación de la obra beethoveniana que, en pleno siglo XXI, nos sigue convocando a construir un ambiente fraternal, inspirado en los valores supremos de la libertad.

La dirección y su compenetración con los músicos, el cuarteto y el coro son el resultado de una profunda vocación, oportunamente potenciada y acompañada de trabajo crítico, consagrado y metódico. Así, pueden entenderse los entusiastas y merecidos aplausos, expresados al finalizar la función. El público aclamó al maestro Orozco y a la totalidad de los intérpretes que acompañaron la inolvidable puesta en escena.

Disfrutando la creatividad beethoveniana y su culminación clásica con la Oda a la alegría de Schiller, reflexioné sobre el impacto que produce una obra de arte de esta magnitud, la invitación a continuar contribuyendo a sembrar entre los colombianos y los ciudadanos del mundo el sentimiento de hermandad y de paz, y la convocatoria a los políticos a concretar, con políticas públicas eficientes y eficaces, el sentido de grandeza que es propio de los estadistas.

Complementariamente: cuánto hacer para facilitar que a través de un sistema educativo –apropiadamente cultivado desde el preescolar hasta los posdoctorados– los colombianos en particular aprendamos a apreciar y a sensibilizarnos con el arte, como lo hace Andrés Orozco. Este camino facilita disfrutar la construcción de la paz y su fundamentación en la justicia social contemporánea.

Recordemos en pleno siglo XXI que la Novena fue el producto de la genialidad, vocación libertaria y sentido de grandeza de un músico que legó a la humanidad su original creatividad. No olvidemos que el espíritu beethoveniano se extiende hasta nuestros días y convoca a Occidente, al orbe y muy precisamente a los colombianos a llenarnos de su plenitud y a actuar políticamente, comprometiéndonos a cristalizar las implicaciones que se derivan del Acuerdo del Colón. Sí, el arte beethoveniano nos convoca a ser responsables con el destino histórico de nuestra gran nación y, por ello, no debemos permitir que la corrupción, las indelicadezas, el odio y la búsqueda fanática y psicopatologizada del poder vulneren el esfuerzo histórico que significó nuestra Constitución del 91.

Estamos entonces invitados a llenarnos de un sano espíritu democrático y a plasmarlo en las instituciones. Fortaleciendo nuestro Estado, podemos tener lineamientos apropiados para enfrentar la inequidad que no debe afrontarse con migajas populistas y caudillistas de los que anhelan perpetuarse solapada e irresponsablemente en Colombia.

En gran síntesis: en pleno siglo XXI el espíritu libertario y fraterno beethoveniano, bien interpretado, nos invita a construir la paz –con las orientaciones contemporáneas de la democracia participativa–, cuyos preceptos fundamentales están pendientes de plasmarse en nuestras instituciones. Me inclino a pensar que continuar esta tarea es sabia responsabilidad histórica de todos los demócratas colombianos.

roasuarez@yahoo.com

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