Por: Lorenzo Madrigal

El turno es para otros

Es un tipo joven, que llega al poder, para envidia de muchos, con energías, de fácil habla, demasiado fácil —hablo, ya se ve, del presidente Duque—, un hombre que, además, domina la que es lengua universal, el inglés, como residente de varios años en Norteamérica. Esto último no es trivial, es necesario, lo contrario sería como si, en tiempos del imperio romano, cualquier personaje influyente no supiera latín. Bueno, este gobernante, que le debe su ascenso al expresidente Álvaro Uribe, tiene sin duda méritos propios —es un Medvédev, si así lo quieren ver—, pero qué importante es serlo y llegar a serlo por la vía democrática.

Hay que disponerse a criticarlo, claro está, en el momento en que a cada cual le parezca, pero no caer en el prurito de hacerlo porque es lo que se lleva y negarnos al asombro que nos causa su juventud de mando, “la disparada que se pegó” para llegar a donde está, cuando otros lo han luchado sin éxito. ¿No es esto la democracia? Oportunidad para muchos, lo que, por supuesto, da sorpresas. Tratándose de un hombre limpio, de buenas costumbres e intenciones, de mediano estrato, no entiende uno cuál es la resistencia que ofrece su presencia en la Casa de Nariño, con fácil solvencia. De repente, en la historia del mundo, surgen grandes hombres, como de la nada.

Sin lazos con gobierno alguno —lo saben mis lectores—, reconozco en este la respuesta que venció al unanimismo de la precedente cúpula oficial y de múltiples seguidores, atados a un emblema de paz en el que se caía con facilidad por ser al mismo tiempo un engaño y un anhelo común. La astucia de quienes lo urdieron como propuesta es que nadie pudiera zafarse de ese ítem sin ser recriminado.

Se privilegia por muchos la izquierda política y se descarga con frecuencia un humor hiriente sobre estos funcionarios de derecha y de centroderecha, que salvan hoy por hoy a la República de la avalancha que desde el otro lado aplasta los derechos humanos, con ejemplos a la vista.

***

Comenzó la serie de Bolívar en Caracol Televisión. La comentaré si puedo no interrumpirla mucho. Ya de entrada veo la magnificencia con que se concibió al personaje, a la manera como los encargados de dotar de una estatua a la Plaza de su nombre en Bogotá, se hicieron a un bello Tenerani, más un César romano que el cobrizo, pequeño y frágil Bolívar que hemos venido imaginando.

En los libros iconográficos del Libertador se aprecian rostros muy disímiles (en todo caso preferibles al monstruoso de Chávez, con que ilustro). El maestro Gómez Campuzano, paisajista y retratista, me comentaba que la más vera efigie de Bolívar era la de José María Espinosa, por ser así mismo un caricaturista, acostumbrado a captar la expresión humana. Vaya.

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2019-09-23T00:00:42-05:00

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2019-09-23T00:15:01-05:00

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