Por: Daniel Pacheco

El uribismo de Santos con la dosis personal

A pesar del cambio en la retórica, el Gobierno actual quiere terminar de acabar con la dosis personal, en un esfuerzo solapado de continuidad con las políticas de drogas uribistas.

El primer paso se dio con la modificación del artículo 376 del Código Penal, como parte del paquete de reforma conocido como Ley de Seguridad Ciudadana. Allí eliminó por completo la excepción de cárcel a las personas que tuvieran una dosis personal.

Si hoy un fiscal quisiera implementar la norma estrictamente, podría iniciar un proceso penal contra una persona que haya sido encontrada con un porro, una papeleta de basuco o un gramo de perico, que podría terminar en un tiempo de cárcel de entre 10 y 30 años.

El segundo paso lo quiere dar con la nueva reforma al Estatuto Antidrogas, que será presentada, según dijo el ministro Vargas Lleras desde México, esta semana. En esas mismas declaraciones, el jefe de la cartera política, que estaba acompañado del de la cartera de Defensa, dijo que el nuevo estatuto era una forma del Gobierno de adaptarse a los narcos, y resaltó como el gran logro del proyecto la adición de drogas sintéticas y nuevos químicos precursores en la lista de sustancias prohibidas. En este Estatuto, de nuevo brilla por su ausencia cualquier mención a la dosis personal.

Mi insistencia por conservar la figura de la dosis personal es mucho más que un saludo filosófico al libre desarrollo de la personalidad y la autonomía del individuo. La dosis personal es la única figura objetiva para determinar si una persona es consumidora o traficante de drogas. Y este es el punto central para distinguir entre lo que debe ser tratado como un asunto de salud pública y lo que debe ser parte de una política criminal.

A pesar de esta dirección en la política del Gobierno, que complementa muy bien lo que el anterior había logrado con su reforma constitucional prohibiendo el uso y porte de drogas, el presidente Santos y algunos funcionarios se permiten declaraciones públicas que los ponen en el club de figuras mundiales progresistas de moda en el tema de drogas.

El último en este club fue el embajador ante el Reino Unido, Mauricio Rodríguez, quien es citado extensamente en un artículo de The Observer. “Tenemos que volver a empezar de cero, con una solución global y un enfoque totalmente nuevo”. Eso no es lo que se está haciendo en Colombia, señor embajador.

De nuevo, las esperanzas de una política más sensata recaen sobre la Corte Constitucional. Aunque una primera demanda de inconstitucionalidad contra la reforma de Uribe ha sido negada, existen otras dos admitidas que no han sido votadas. Una de ellas, creo yo, tumbará la prohibición a la dosis mínima.

Cuando eso suceda, seguramente las dos reformas que menciono arriba se caerán en efecto dominó y el gobierno tendrá la obligación de hacer realmente lo que dice que está haciendo: empezar de cero, con menos ruido y más nueces.

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