El uribismo encarna en el pastranismo

Después del fallo constitucional que dio al traste con el referendo reeleccionista, el uribismo no encuentra el camino expedito para continuar a cabalidad con la fórmula política que nos impuso durante casi ocho años.

Porque lo más grave de esa política consistió en que se la personalizó en cabeza del mesías Álvaro Uribe Vélez y ahora, al no poder reelegirse, la consigna manifiesta es su encarnación en algún facsímil. Enorme tragedia para sus artífices, quienes comienzan ya a sacar a relucir la otra alternativa: si no es Uribe… ‘la hecatombe’.

Y es que no es fácil entender cómo puede el uribismo, al pretender pasar de la reelección a la encarnación, confiar sus estrategias de guerra (‘seguridad democrática’, ‘confianza inversionista’ y ‘cohesión social’) a quienes fueron copartícipes de otra política rechazada de plano por Uribe: la ‘paz’ pastranista o despeje del Caguán. Porque el llamado plan B, Juan Manuel Santos, hizo parte del gabinete de Andrés Pastrana y además, como para que no quedara duda, éste escogió como su fórmula vicepresidencial a Angelino Garzón, el más visible representante de ese pretendido apaciguamiento que tanto odia el uribismo. Y para colmo de sus males, el plan C, la ‘copia mejorada’ de Uribe, Andrés Felipe Arias (Uribito), perdió la consulta del Partido Conservador con Noemí Sanín, también heredera del cuatrienio pacifista y visible candidata de Pastrana. Y sin contar que los directores programáticos de las campañas de Santos y de Sanín, Juan Carlos Echeverry y Jaime Arenas, respectivamente, fueron directores de planeación del gobierno que más desempleo y descomposición social generó en Colombia en los últimos años: el de Andrés Pastrana.

Sin embargo, lo cierto es que la mayor desventura de Uribe es aquella que está desvelando su embuste: ¿no será que está quedando claro que la política de ‘paz’ de Pastrana no fue, como lo dice el reelegido, el polo opuesto de su propuesta de guerra, sino la continuidad de las mismas intenciones impuestas por el gobierno de los Estados Unidos? Ya lo denunció el mismo antecesor de Uribe: que el despeje del Caguán fue la condición que pusieron los gringos para el Plan Colombia, el mismo tratado que le permitió a este gobierno hacer la guerra. Se embolató al país con el embeleco de la ‘paz’, mientras se lo preparaba para la alternativa guerrerista. Pastrana y Uribe han sido, como todos los presidentes desde hace más de un siglo, sumisos trabajadores de la estrategia global agenciada por Washington. Por eso, no nos puede extrañar que la encarnación uribista sea pastranista.

 Jorge Enrique Esguerra L. Bogotá.

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