Por: Columnista invitado

El uso del glifosato, entre la insensatez y la precaución

Por: Óscar A. Alfonso R.1, Jairo A. Granados Z.2 y Laura S. Téllez B.3

Las tendencias de los componentes conocidos de la actividad cocalera revelan, antes que nada, la imposibilidad de que Colombia se libre de los cultivos del arbusto coca con un mercado en expansión, esto es, con más consumidores dispuestos a pagar precios más elevados por la droga. Además del crecimiento de las áreas sembradas al final de cada sobre lo que se se ha realizado un gran escándalo, están también las áreas erradicadas manualmente y las sustituidas, las incautaciones de hoja de coca y el clorhidrato confiscado principalmente en los puertos y en las zonas metropolitanas del país. El componente desconocido es la cantidad de hectáreas cultivadas con el arbusto de coca que, procesadas en los cristalizaderos, dieron lugar a un producto que contribuyó a abastecer el mercado mundial estimado en cerca de 17 millones de consumidores habituales y ocasionales.

La iniciativa del Ministro de Defensa, extrañamente secundada por el Ministro de Salud, y del próximo embajador ante los Estados Unidos de reanudar la aspersión aérea con glifosato, es insensata. En la visita a los Estados Unidos, el presidente Duque expondrá el plan de erradicación del 70% de la actividad cocalera, incluyendo la aspersión aérea con glifosato que obviamente gozó del apoyo vehemente del embajador Kevin Whitaker. La prueba piloto con el uso de drones se realizó en Tumaco.

La investigación de la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia, con base en los registros históricos disponibles, demuestra que son 235 los municipios colombianos en los que se ha realizado la aspersión aérea con glifosato. En 25 de ellos las áreas fumigadas han superado las 20.000 ha, en 35 han oscilado entre 5.000 y 20.000 ha, y en los 175 restantes ha sido inferior a las 5.000 ha. La tasa de homicidio por 100.000 habitantes es invariablemente superior en estos municipios que en el país no fumigado, habiendo alcanzado su cúspide en el 2000 cuando llegó a 77 por 100.000 habitantes entre los más intensamente fumigados, mientras que en el resto del país bordeó 33, por ejemplo. Recientemente esa tasa se ha reducido en unas y otras zonas, pero las diferencias de intensidad permanecen semejantes a las del 2000.

En el plano ambiental, los cambios en el área del bosque estable muestran que entre el 2000 y el 2010 la deforestación campeó en todo el país, situación que se revirtió entre el 2010 y el 2015 en los municipios menos afectados con la aspersión aérea y en el país no fumigado en donde, por el contrario, hay evidencias de reforestación.

Por su parte, la probabilidad de tener algún linfoma a la luz de los casos de tratamiento con quimioterapia, es 3,1 veces superior entre los habitantes de zonas rurales que han sido objeto de la aspersión aérea que en aquellos que no lo han sido, probabilidad que se incrementa a 10,3 si se compara con los municipios en donde la aspersión aérea ha sido muy elevada, en donde los casos de pacientes sometidos a quimioterapia ascendió en 2005, un año antes de que se alcanzará el climax de la aspersión con glifosato, a 2.499 casos por 100.000 habitantes, mientras que en el resto del país esa tasa fue de 242 casos por 100.000 habitantes.

La violencia, el ambiente y la salud se deterioran de forma simultánea en los municipios que han sido objeto de la aspersión aérea con glifosato. Sin embargo, y luego de al menos 20 años del uso de éste y otros instrumentos para acabar con el negocio cocalero, el mercado mundial de la cocaína continúa expandiéndose; es decir, su ineficacia es flagrante. La prioridad del principio de precaución establecida por la Corte Constitucional es ratificada por estos hallazgos de donde, además, se deriva la necesidad urgente de discutir nuevas estrategias alternativas para enfrentar el fenómeno.

[1] Docente de la Universidad Externado de Colombia, investigador del grupo Construcción de Estado, Territorio y Paz de la Facultad de Economía. Correo electrónico [email protected]

[2] Coinvestigador del grupo Construcción de Estado, Territorio y Paz de la Facultad de Economía, economista. Correo electrónico [email protected]

[3] Coinvestigadora del grupo Construcción de Estado, Territorio y Paz de la Facultad de Economía, estudiante de Economía. Correo electrónico [email protected]

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