El “vacunazo” de Duque

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Es cierto que el partido Centro Democrático para alcanzar su propósito de ganar la presidencia en cabeza de Iván Duque “rompió toda la vajilla” en materia de acciones contra la segunda administración de Juan Manuel Santos. Desde que este sector ganó el plebiscito por la paz su camino se ensanchó y desplegaron tácticas duras para embaldosinar su ruta a la retoma del poder en vista de que Santos se les descarriló. También es real que el comienzo de la administración Duque no fue un jardín de rosas. Por ejemplo, impuso una agenda legislativa con un ingrediente insólito en nuestro país “sin cosas de comer” para ofrecerle al parlamento, casi nada. Es decir, que el correcto anticlientelismo terminó criticado por “tirios y troyanos”. Sus antagonistas dijeron que no tuvo gobernabilidad y los más rasos alegaron que “le faltó experiencia y manejo”. El novedoso y frustrado experimento provocó una reacción del nuevo gobierno para barajar sus fichas bajo el ojo milimétrico del mayor de la tribu, Álvaro Uribe, quien con su experiencia de zorro viejo supo consolidar unas mayorías en el Congreso. La loza siguió rota, hasta que apareció el Covid-19.

El 6 de marzo de 2020 cuando una colombiana procedente de Milán fue diagnosticada como el primer caso en territorio colombiano con el virus, el país se ensimismó por la llegada de una bacteria invisible que ni los discursos, diatribas o fake news podían eliminar. Fue el momento donde a la oposición radical contra el gobierno actual le ocurrió lo mismo que le sucede al toro de lidia: que por mirar la capa no le pone la atención al matador. Con paciencia de alfarero y leyendo las necesidades evidentes de una sociedad que lo observaba como el único que podría “tirar línea” en medio del inicio de una tormenta que aún hoy, como dijo el Papa Francisco nos tiene en la misma barca, Duque supo esperar.

El presidente desplegó una estrategia donde el punto central fue la sanidad, la vida de millones de colombianos y “salvar los muebles” en materia económica. Supo cambiar la agenda y dobló la página de la política al abrir el espacio para la ciencia. La batería de comunicaciones institucionales la encontró en un programa diario encadenado en la televisión nacional donde presentaba científicos, alcaldes, gobernadores, representantes de organismos multilaterales, no estuvo exento de críticas que lo quisieron hacer ver como una “presentador pastranista” o chavista.

Hasta que llegó el viernes 18 de diciembre donde en el mismo “Prevención y Acción” tan vapuleado, le anunció a Colombia que su gobierno había logrado un acuerdo para tener 40 millones de dosis de vacunas contra la terrible pandemia. Además de ser su obligación, Duque supo cómo poner su estocada. En medio de la peor pandemia y mientras sus enemigos seguían mirando el capote, el inquilino de la Casa de Nariño consolidó mayorías en el Congreso, se quedó con los organismos de control, tiene superioridad en la Corte Constitucional. En fin, el melifluo presidente como lo quisieron caricaturizar sus más enconados rivales, les jugó en silencio y por debajo del agua, mientras los opositores seguían mirando la muleta del torero.

Luego del “vacunazo” de Duque los peores críticos de su gobierno entendieron que con una pandemia que atacó al mundo, que no fue inventada por Uribe o Duque, como sociedad no podemos apostarle al fracaso. Para rematar, Álvaro Uribe con sus dotes de “kingmaker” (hacedor de reyes) del poder a la colombiana, se reúne para concebir un eje entre Antioquia, el Pacífico y la Costa para seguir mirando hacia todas partes, menos al capote.

@pedroviverost

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