"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 9 horas
Por: Cartas de los lectores

El Valle

Conociendo los resultados y las consecuencias de la elección por gobernador en el Valle del Cauca, no termina uno de sorprenderse en este extraño país, pues intento encontrar alguna explicación a por qué la ciudadanía no ejerció su derecho a la protesta, en este caso el voto en blanco, y prefirió la abstención a votar (80%), con lo cual permitió que la misma clase dirigente de siempre (la corrupta, marrullera, inmoral, antiética, etc.) volviera a quedarse con el manejo y la administración de los erarios y los objetivos públicos de un departamento dizque de los más instruidos y preparados de Colombia con menos de 300.000 votos.

Qué pena me da descubrir lo poco que pensamos y lo mucho que ignoramos, “somos como el pobre Lara que escupió para arriba y le cayó en la cara”; creyendo que la abstención castiga a los malos políticos y dirigentes no nos damos cuenta de que castiga en realidad a los indolentes y miedosos que por no asumir una posición de confrontación contra los malos hábitos de nuestra clase dirigente lo único que permitimos es su perpetuación.

Octavio Cruz González. Bogotá.

La contrarreforma

Colombia requiere con suma urgencia que sus partidos políticos tengan filtros y exámenes de probidad, moralidad, pertenencia y eficiencia de todos los candidatos a cuerpos colegiados, comenzando por el más importante y esencial para cualquier república: el Congreso de la nación, que es el eje del poder legislativo.

Es claro que lo relatado por el presidente Santos en su alocución no se puede quedar así. El Congreso tiene gente fuera de serie, con la dimensión de sus vidas gozando de salud espiritual evidente. Estos mismos miembros de categoría y suficiencia están poniendo el grito en el cielo, por la misma repulsa que causa en ellos al saber que comparten espacio con otros que no respetan a la comunidad nacional ni a las instituciones. Todos ellos deberían promover la autorreforma.

No hay que perder la paciencia y la calma. Hay que conservar la cabeza fría y estupendamente fresca y reflexiva. Hay que aceptar que el Congreso tiene miembros valiosos; que deberían procurar la búsqueda de una verdadera autorreforma y apuntarle a la unicameralidad.

Colombia se merece tener un Congreso a la altura y categoría de un verdadero y genuino recinto del pensamiento social, donde abunde por todos sus costados el interés colectivo para entregarle al país la izada permanente de la bandera con los ocho mandatos inscritos en el preámbulo de la Carta Magna de 1991.

Rogelio Vallejo Obando. Manizales. 

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