Por: Rodolfo Arango

El valor de la oposición

NO SORPRENDE QUE EL PROCURAdor se le haya adelantado al senador Robledo.

Lo que el martes por la tarde prometía ser el gran debate al Gobierno en el Congreso por el desfalco monumental a la salud de todos los colombianos, fue neutralizado en horas de la mañana por el jefe del Ministerio Público al suspender por “omisiones dolosas” al alcalde de Bogotá, Samuel Moreno. El sentido de oportunidad del procurador es proverbial. Los titulares de prensa del día después resaltaron la suspensión del alcalde y minimizaron el megaescándalo en el sistema de salud. El mismo presidente Santos ya se había adelantado al impacto del debate anunciado por el Polo cuando, con bombos y platillos, en presencia de la fiscal, la contralora, el ministro de Salud y el director de la Policía Nacional, anunció del desangre en billones de pesos del sistema de salud y la captura de funcionarios medios corruptos.

Sin lugar a dudas el Polo cometió un error político al no desmarcarse a tiempo de un alcalde ineficiente y cuestionado que ha gobernado en coalición con todos los sectores políticos (el Partido de la U, Cambio Radical y el Partido Conservador) en el Distrito. Pero una cosa es la responsabilidad política por la cual el Polo es castigado justamente ahora y otra cosa es la responsabilidad jurídica del alcalde, que ciertamente no está establecida y debe ser la conclusión de un proceso legal en el que se respeten los principios de presunción de inocencia, de defensa y debido proceso.

El senador Robledo se ha anotado un triunfo y el país debe estarle agradecido por la seriedad de sus investigaciones. El control del poder es una función a cargo del partido perdedor en las elecciones. La oposición política es fundamental para la democracia y la buena marcha de los asuntos públicos. Sin el disenso y la crítica al ejercicio del poder no sería posible la alternancia de diversos grupos en el gobierno. De la mano de la prensa independiente e investigativa, la oposición, si cumple bien su tarea, fortalece la institucionalidad democrática y nos posibilita aprender de los errores.

La seriedad del debate sobre la salud contrasta con la debilidad de los cargos hechos al suspendido alcalde Moreno. Los méritos de la oposición son opacados por el sensacionalismo, el moralismo y la politización. Para tener clara la desproporción entre ambas actuaciones, basta imaginarse al senador Robledo como ministro de Salud y al procurador Ordóñez como alcalde de Bogotá. ¿Cuál de los dos sería más confiable en el desempeño de su cargo a la luz de la seriedad de sus investigaciones?

Puede que el procurador sepa algo sobre los Nule y su relación con el alcalde que nosotros no sabemos. Pero nada de esas pruebas aparecen en el proceso disciplinario. Por el contrario, todos conocemos que en cinco meses tendremos elecciones para reemplazar al titular del segundo cargo más importante del país y que el Polo es una piedra en el zapato del santismo-uribismo. Esto ante una opinión pública que no aprecia suficientemente la importancia del esquema gobierno y partidos de oposición. De hecho, si hubiera habido una fiscalización seria a la administración Moreno por parte de los partidos vencidos en las elecciones distritales, y no se hubieran amangualado para recibir su tajada de poder burocrático, otro sería el cantar en Bogotá.

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