Por: Rachel Donadio

El Vaticano amonesta a Irlanda por el abuso sexual

En una fuerte reprimenda a Irlanda, el Vaticano dijo que nunca había disuadido a los obispos irlandeses de que informaran sobre el abuso sexual de menores a la policía y rechazó las acusaciones de haber minado los esfuerzos para investigar dicho abuso por "infundadas".

La declaración del Vaticano fue el asalto más reciente en una confrontación diplomática tensa con Irlanda desde que, en julio, se dio a conocer el más nuevo de una serie de informes del gobierno irlandés sobre el abuso sexual perpetrado por sacerdotes, así como sobre la evidencia de un encubrimiento generalizado. El Vaticano llamó a su embajador ante Irlanda para consultas, después de que se dio a conocer el informe, pero ahora se espera que regrese.

El informe dice que el Vaticano alentó a los obispos a ignorar los lineamientos de protección infantil adoptados por los obispos irlandeses, incluido informar obligatoriamente sobre abusos a las autoridades civiles.

En su declaración del sábado, el Vaticano también criticó un discurso del primer ministro, Enda Kenny, ante el Parlamento el 20 de julio, en el cual denunció la “disfunción, desconexión, elitismo que dominan la cultura del Vaticano hoy día”.

El Vaticano dijo que “entiende y comparte la profundidad del enojo y la frustraciones populares por los hallazgos” planteados en el informe, “que encontraron su expresión en el discurso” de Kenny. Sin embargo, dijo que tanto el informe como el discurso dependen de “interpretaciones equivocadas” de una carta muy importante.

El informe de julio encontró que clérigos en la diócesis rural de Cloyne no habían actuado en relación a las quejas contra 19 sacerdotes, de 1996 a 2009, mucho después de que los obispos irlandeses emitieran los lineamientos en 1996 para proteger a los niños. El Informe Cloyne fue el cuarto sobre el escándalo de pedofilia en Irlanda desde 1994, pero el primero en señalar directamente a Roma.

Le siguieron el discurso de Kenny y una declaración del Parlamento en la que se dice que la intervención del Vaticano “contribuyó a debilitar el marco y los lineamientos de la protección infantil del Estado irlandés y los obispos irlandeses”.

El Vaticano dijo el sábado que el reclamo “sin fundamento” es resultado de una “interpretación equivocada” de una carta confidencial de 1997, que un exembajador vaticano dirigió a los obispos de Irlanda. El embajador escribió que tenía “graves reservas” sobre las políticas de protección infantil adoptadas por los obispos en 1996, bajo intensa presión popular, y dijo que violaban el debido proceso del derecho canónigo.

El Informe Cloyne dice que la carta “efectivamente daba a cada obispo irlandés la libertad de ignorar los procedimientos” y “daba consuelo y apoyo” a los sacerdotes que “disintieran de la política establecida por la Iglesia irlandesa”.

En su respuesta del sábado, el Vaticano dijo que, sacada de contexto, la carta podría generar “críticas entendibles”. Sin embargo, notó que los obispos irlandeses definieron las políticas como un “documento informativo” y nunca pidieron al Vaticano que las incorporara a la ley canóniga.

Agregó que los obispos eran “libres de aplicar las medidas penales del derecho canónigo a los sacerdotes ofensores” y que “nunca estuvieron impedidos por el derecho canónigo a informar de los casos de abuso a las autoridades civiles”.

El Vaticano también indicó que el gobierno irlandés debería compartir la responsabilidad en los casos de abuso sexual en Irlanda, donde se abusó sexualmente de miles de niños en internados católicos administrados por el Estado desde los 1930 hasta los 1990.

La declaración del Vaticano nota que la ley irlandesa aún no demanda informar a la policía obligatoriamente por sospecha de abuso perpetrado por un clérigo, aun cuando se discutió el problema a mediados de los 1990.

“Dado que el gobierno irlandés de aquel entonces decidió no legislar sobre el asunto, es difícil ver cómo es posible que la carta del Vaticano dirigida a los obispos irlandeses, la cual se expidió posteriormente, pudo armarse como algo que de alguna forma haya subvertido a la ley irlandesa o debilitado al Estado irlandés en sus esfuerzos para resolver el problema en cuestión”, dijo el Vaticano.

En cuanto a la acusación de Kenny de que el Vaticano trató de “frustrar una indagatoria”, éste dijo que el Informe Cloyne “no contiene ninguna evidencia que indique que la Santa Sede se entrometió en los asuntos internos del Estado irlandés ni, para el caso, estuvo involucrada en la administración cotidiana de las diócesis irlandesas ni de las congregaciones religiosas con respecto a los problemas de abuso sexual”.

El viceprimer ministro, Eamon Gilmore, quien también es el ministro de Relaciones Exteriores, describió la respuesta vaticana como “legalista y técnica”, y dijo que sostiene firmemente la perspectiva de que el Vaticano interfirió en los asuntos de un Estado soberano y democrático. La carta de 1997, dijo en una declaración, “proporcionó el pretexto para que algunos evitaran la cooperación total con las autoridades civiles irlandesas”.

Informes del gobierno irlandés encontraron que la diócesis cambiaba a menudo a los sacerdotes depredadores a nuevos cargos donde siguieron abusando sexualmente de niños, en lugar de entregarlos a la policía.

Obispos en todo el mundo han mencionado una confusión generalizada en cuanto a cómo disciplinar a los curas descarriados. En el pasado, algunos funcionarios de alta jerarquía en el Vaticano dijeron que los obispos deberían proteger a los sacerdotes, no vigilarlos, mientras que otros buscaban un equilibrio entre el respeto por el derecho canónigo y el debido proceso, y la protección de los niños. Sólo con la explosión de un nuevo escándalo de abuso sexual en Europa el año pasado fue que el Vaticano aumentó sus esfuerzos para aclarar sus procedimientos.

Gilmore sí recibió bien una parte de la declaración vaticana.

“La Santa Sede lamenta y está avergonzada por los terribles sufrimientos que han tenido que aguantar las víctimas de abuso sexual y sus familias dentro de la Iglesia de Jesucristo”, dice la declaración, “un lugar donde esto nunca debería suceder”.

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