Por: José Fernando Isaza

El velo de la ignorancia

EL FILÓSOFO JOHN RAWLS INTROdujo el concepto del velo de ignorancia en la búsqueda de una utopía:

crear una sociedad en la cual los ciudadanos tengan iguales deberes y derechos y las desigualdades de riqueza y autoridad sólo se justifican si traen beneficios para todos y, en particular, para los más débiles o más necesitados.

La idea de Rawls era crear un nuevo contrato social; una nueva Constitución, en cuya formulación participarían los ciudadanos sin saber qué puesto ocuparían en la nueva sociedad.

Mockus decía que la Constitución del 91 se inspiraba algo en Rawls, pues las tres fuerzas políticas más importantes que la redactaron, el M-19, el Partido Liberal y el Conservador tenían casi igual fuerza; cualquiera podía ganar las próximas elecciones y era bueno adoptar un seguro contra el autoritarismo, que tiende eliminar a las minorías y a los perdedores. Esto explica el sesgo de la Constitución en garantizar los derechos del ciudadano con prelación a los deberes. Es claro el énfasis en la separación de poderes y en particular la independencia de la Banca Central del Poder del Ejecutivo. Por supuesto que las continuas reformas, en particular la reelección, hicieron añicos los chequeos y controles que se buscaron con la independencia de las ramas Ejecutiva, Judicial, Legislativa, monetaria y electoral.

La propuesta de Rawls de inclinar la balanza para favorecer a los más débiles permeó parte de los desarrollos que por medio de sentencias realizó la Corte Constitucional.

Las Constituciones que siguieron a la Independencia, hasta la de 1863, estuvieron guiadas por el principio de barrer con la oposición. No es de extrañar las continuas guerras civiles que engendraron. Como respuesta se promulgó la Constitución de 1863 que debilitó el poder central y protegió los derechos de la oposición.

El federalismo incluyó un freno al autoritarismo que contribuyó a la defensa de los derechos de propiedad de los ciudadanos. Kalmanovitz en su estudio Las cuentas nacionales de Colombia en el siglo XIX, muestra que durante la vigencia de la Constitución de 1863, el PIB tuvo la mayor tasa de crecimiento de todo el siglo XIX. Las exportaciones por habitante crecen un 40%, lo que permite recuperar la caída del período 1809-1850. Parece que el federalismo y las limitaciones a los poderes absolutos, no fueron tan malos como nos lo han hecho creer quienes ganaron la guerra de 1885 y escribieron la historia.

La Constitución de 1886 fue del espíritu “El ganador toma todo” y su consecuencia fueron tres guerras civiles. Las reformas de principio del siglo XX, atenúan este espíritu y se enmarcan en “El que gana toma dos tercios”, en parte por temor a que un incipiente partido socialista pudiera tener éxito como ocurrió en algunos países europeos; o que las “masas pobres” se organizaron como partido político.

El Plebiscito de 1957 se puede formular “El ganador comparte miti-miti con el perdedor”, sin embargo, sólo se logró un equilibrio inestable. Se cerraron las puertas de participación política a quienes no pertenecieron a uno de los dos partidos tradicionales. El auge de los movimientos insurreccionales puede, parcialmente, explicarse por la falta de garantías, aún electorales, a la oposición, entendida ésta como cualquier forma de actividad política fuera de los Partidos Liberal o Conservador.

*Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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