Por: Danilo Arbilla

El viejo método

Caracas. Marcel Granier, director de la clausurada Radio Caracas Televisión, (RCTV), advirtió ante la asamblea de la SIP reunida en Venezuela sobre los métodos fascistas y totalitarios de Chávez.

La aplicación de esos métodos y la aparición de grupos de choque – piqueteros, cocaleros, "organizaciones" étnicas e indigenistas, sindicatos oficialistas y paraestatales, círculos bolivarianos- que reinan por las calles y plazas de muchas capitales latinoamericanas con el visto bueno del mandamás de turno, fue uno de los temas constantes de la reunión, no solo por la amenaza que significan para la libertad de prensa, sino para la democracias toda.

La modalidad no es nueva. La inventó y utilizó el fascismo en Italia a principios de la década del 20 del siglo pasado y luego la adoptó y la ejerció con lujo el partido nazi en Alemania. Consiste en amedrentar, perseguir, castigar, engendrar miedo en los adversarios, a quienes se descalifica indistintamente como enemigos de la Patria, de la Causa, del Pueblo, o lo que venga a bien. En el golpe de puño, en el bastonazo, en el insulto soez, en la asonada patotera es obvio que no hay ninguna sutileza. Sin embargo como recurso de la política, la asonada patotera es un arma que ha sido útil. Lo que ocurrió en aquella Italia lo demuestra a las claras.


Allí había un gobierno constitucional, una sociedad fragmentada, agudos enfrentamientos políticos y una severa crisis social y económica. El Partido Fascista participaba en la lucha política por medios legales, pero también por medios ilegales; cuando se topaba con algún sector o grupo que se considerara un obstáculo a sus fines, aplicaba el método. Así los fascistas fueron conquistando espacios de poder hasta que consiguieron que Mussolini se hiciera del gobierno. Y fue entonces que se les planteó el problema: ¿cómo manejarse en el marco de un Estado de Derecho sustentando ideas y practicando acciones que escapan a las normas liberales de convivencia? O mejor: ¿cómo hacer para instalar un sistema totalitario, de partido único, de unanimidades de hierro sin dar formalmente un golpe de Estado? La solución estuvo en aquellos grupos de "combatientes": volvieron a las calles y expresaron el punto de vista que el gobierno quería expresar pero que las legalidad vigente le impedía expresar; es decir, sofocar, aplastar, reducir al miedo a todos cuantos se opusieran a los proyectos revolucionarios del partido que estaba en el poder.

Como formaciones irregulares, estos grupos del partido gobernante tenían una gran versatilidad; carecían de los límites naturales que son inherentes a las fuerzas del orden en un Estado de Derecho, y por lo tanto podían arrasar con todas las libertades y los derechos y los bienes ante la mirada complacida de las autoridades del gobierno y la penosa distracción de los jueces, asustados y amenazados en sus trabajos, en sus cátedras, en sus hogares, en su vecindario por los agentes oficiosos del régimen. En poco menos de dos años de acción sostenida de éstos Italia se convirtió en una república totalitaria, sin necesidad de derrocar ninguna institución: mediante sucesivos actos legales, y al haber arrinconado en el miedo y en el silencio a la oposición, produjo las transformaciones necesarias para hacer de ese país una enorme y uniformada cárcel.

Un caso análogo, calcado por los estrategas del partido nacionalsocialista, ocurrió en Alemania. Las tropas de la SA, que no
Eran otra cosa que militantes y funcionarios del partido, a fuerza de golpes y también de asonadas ayudaron a crear el ambiente para que Hitler ganara las elecciones, y al otro día del triunfo se aprestaron a identificar, ahogar, perseguir y golpear a todos los elementos que se alinearan en la oposición. La campaña del tránsito hacia el totalitarismo fue exactamente igual a la de Italia: por un lado una prensa adicta que amenazaba y descalificaba, luego los atentados a los medios de comunicación opositores, las provocaciones en las manifestaciones públicas, una política de miedo y de extorsión a los jueces, el asalto o la toma de los lugares de trabajo y el "escrache" en domicilios de los enemigos identificados. Mientras todo esto tenía lugar, el gobierno que había diseñado y favorecido los medios para esas acciones, simulaba no darse por enterado.

En las calles de aquella Alemania de 1933 se ejercía una política que las leyes en uso inhibían ejercer al gobierno desde su sitial, y de tanto hacerlo, esa eficaz política consiguió cambiar las leyes. Mucho de todo eso está ocurriendo en estos días en esta parte del mundo. Asombra que haya personas que todavía no adviertan en qué consiste este juego y hacia adonde apunta; asombra que aún queden tantos impávidos a los que no impresiona que la justicia no intervenga en estos casos, que la policía mire para otro lado o no aparezca y que los dirigentes que conducen las asonadas puedan vivir cómodamente sin trabajar.

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