Por: Hugo Sabogal

El vino, patrimonio mundial

Siempre que alguien pregunta cómo aprender a diferenciar un tipo de vino de otro, un estilo de otro o un origen de otro (entre muchas otras maneras de navegar por este inmenso universo), la recomendación es visitar con familiares o amigos la tienda o el supermercado más cercano, buscar allí ejemplares contrastantes y luego sentarse a apreciar el valor de la diversidad.

Por ejemplo: comprar un Cabernet Sauvignon de Chile, otro de Argentina y uno del californiano valle de Napa invita a identificar las diferencias y poder comentarlas; o señalar las características de un vino de Burdeos frente a uno de Borgoña y a otro del valle de Ródano; o un Rioja frente a un Ribera del Duero, y así sucesivamente.

Pero revisando la última decisión de la Unesco en torno a las regiones vitivinícolas convertidas en Patrimonio de la Humanidad, se me ocurre que esta es otra forma de “viajar” —con el paladar o con los pies— por lugares cargados de cultura, tradición e historia, y que, según esta entidad de las Naciones Unidas, deben ser preservados para futuras generaciones.

Con la incorporación de Piamonte, al norte de Italia, la Unesco ha identificado 1.007 localidades de superlativo interés, casi todas ellas derivadas de la colonización romana.

La más reciente vinculación corresponde a los paisajes y viñedos de Langhe-Roero y Monferrato, que van de la mano con la calidad de los vinos del Piamonte. Entre los distritos cobijados figuran Barolo, Castiglione, Falleto, Grinzane Cavour, La Morra, Monforte d’Alba y Serralunga d’Alba. El apelativo Barolo DOCG (Denominación de Origen Controlada y Garantizada) es una de las perlas italianas. Sus vinos, hechos con la variedad Nebbiolo, se caracterizan por su increíble complejidad y prolongada longevidad. La decisión de la Unesco también incluye a Barberesco DOGC, otra denominación con prácticas ancestrales, dignas de destacar.

Dando el salto a Francia, el valle del Loira, en la zona central, es reconocido por sus excelentes blancos de Sauvignon Blanc y sus inquietantes tintos de Cabernet Franc. Pero tan importante como ellos es su incomparable paisaje salpicado de castillos, construidos en la época dorada de la civilización occidental. El reconocimiento cubre un total de 164 comunas, entre ellas Chinon, Samur y Angers. El valle del Loira es el segundo productor de espumosos de Francia. Allí se les conoce como Crémant.

En este conjunto de regiones únicas de Francia también está Burdeos, en el suroccidente. Poseedora de los viñedos más admirados del mundo y donde se producen tintos de elevada estirpe, Burdeos es una de las ciudades más antiguas de Europa. A lo largo de 2.000 años, con su puerto en forma de media luna, ha sido un lugar de comercio sin paralelos y un ejemplo de preservación arquitectónica. Su gastronomía es también un punto focal para propios y extraños. Médoc, Sauternes, Graves, Saint-Emilion y Pomerol son indiscutibles centros de excelencia en la copa.

En este recorrido no podía faltar el valle del Duoro, en Portugal. Aquí también el hombre, el vino y la cultura han convivido por más de 2.000 años. Arriba del río y a ambos costados de su cauce se levantan cerros convertidos en perfectas terrazas vestidas de verde. De aquí sale uno de los vinos más prodigiosos jamás producidos: el Oporto, símbolo de elegancia y buen gusto.

Otras dos regiones de inmensa belleza y gran tradición son el valle del Rin Central, en Alemania, y Tokaj, en Hungría.

La belleza de las laderas del Rin es mítica. Y si de parajes se trata, basta dar una vuelta por Boppard, otra ciudad europea con 2.000 años de historia. De las empinadas lomas cuelgan viñedos esmeradamente plantados, donde la variedad blanca Riesling reina sin contendientes. Dulces y secos, los vinos de Riesling son perseguidos por los conocedores. Pero su baja producción los pone casi siempre fuera del alcance de nuestros bolsillos.

Lo mismo ocurre con los vinos blancos y dulces de Tokaj, que han escrito su propio capítulo al convertirse en los favoritos de nobles y monarcas. Además, fue la primera zona reconocida de vinos del mundo. En particular, el vino Tokaj-Aszú ha sido considerado un “vino de reyes y rey entre los vinos”, como dijo el rey francés Luis XIV. Aún hoy, estos estupendos elíxires siguen tan vigentes como siempre, lo mismo que todos estos pueblos y ciudades que esconden tanto para edificar nuestros sentidos.

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