Por: Alvaro Forero Tascón

El votante independiente

En principio, la elección a la Alcaldía de Bogotá la deciden los votantes independientes, que representan cerca del 40% del electorado. Pero para saber por qué candidato se van a inclinar los votantes independientes, hay que saber primero quiénes son y cómo votan.

No tienen partido político ni tendencia ideológica marcada, pero no son un bloque homogéneo que vota siempre en una misma dirección, como se tiende a creer. Hacen parte de ellos multitud de sectores de diferentes estratos y grupos de edad. Se presume que son la élite del electorado, personas de elaborado sentido político, que siguen la política con profundidad y que sopesan cuidadosamente las opciones electorales antes de decidir su voto. Hombres y mujeres que han superado las pasiones partidistas, que votan sin sentido utilitarista, guiados por inclinaciones de centro.

Pero como bien dice Stan Greenberg en una entrevista reciente en la revista New York, el encuestador norteamericano que asesoró a Bill Clinton y Tony Blair, el votante de centro no es como lo pintan. Primero que todo no es de centro, su característica más reputada. En muchas ocasiones el votante independiente apoya posiciones extremas de derecha o de izquierda. En Bogotá ha votado, en un período de sólo dos años, por un exsindicalista, candidato de un partido de izquierda que le hacía férrea oposición al gobierno nacional, y por un candidato sin partido, con una de las plataformas más derechistas de la historia reciente, que era el gobierno nacional: Luis Eduardo Garzón en 2004 y Álvaro Uribe en 2006. De hecho, Bogotá ha sido una de las ciudades más uribistas del país, cuando era de suponer que el perfil caudillista de Uribe no cautivaría tanto a un electorado más educado y menos expuesto a la violencia guerrillera que el del resto del país. Y tampoco es un electorado desconfiado, eligió a Samuel Moreno, que tenía todos los méritos para que se desconfiara de su capacidad ejecutiva, de su honestidad, y de su conocimiento de la ciudad.

Por eso se le denomina “swing voter”, pues así como define las elecciones inclinándose a favor de un partido en una elección, puede hacerlo por el partido contrario en la siguiente. Pero es posible que este octubre no decida la elección, por el simple hecho de que no se está moviendo en bloque, sino dividido en tres partes (Gina, Peñalosa, Petro) o hasta en cinco (con Galán y Luna). La elección actual es atípica en el sentido de que no presenta la disyuntiva tradicional entre candidato de maquinaria y candidato de opinión, sino cinco candidatos con innegables credenciales de atracción del voto independiente.

Si éste se mantiene fraccionado, el próximo alcalde será quien mejor agregue voto no independiente, es decir, partidista y amarrado. A pesar de que esos votantes son más difíciles de detectar por parte de las encuestas, los resultados en que Enrique Peñalosa y Gustavo Petro aparecen liderando parecen confirmar esa tesis hasta ahora, así Petro no sea el candidato oficial del Polo. La pregunta entonces es si Carlos Galán y David Luna podrán mantener fieles a sus seguidores independientes hasta el final, si éstos se repartirán entre los tres punteros o si algún puntero logrará romper la fragmentación y captarlos masivamente en las últimas semanas de la campaña.

 

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